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8.12.2008

Amanecer

Amanecer de sal o de soles,
no hay diferencia si no salvo al mar de sí mismo,
de su condición deudora de catástrofes,
de su cuerpo árido, constancia de sed infitina.

Amanecer de sal con el viento en las espaldas,
amanecer de sol con la casa por los cielos,
fluyendo hacía sí mismos.
Entonces fallan, se destrozan.

Sólo pueden salvarse de sí mismos
si aceptan perderlo todo
y habiten en la derrota
como la muerte habita el sueño.

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