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3.19.2015

Recomendación: descarguen la obra de Raúl Zurita, desde la Bilbioteca Cervantes

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ofrece una Biblioteca de autor dedicada al poeta chileno Raúl Zuria. En ella se ofrece gran parte de la obra poética del escritor manuscritos, entrevistas, poemas recitados, sus famosos poemas en el aire junto a otros contenidos
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2.26.2015

Fotografías y reseña de la presentación de 'Profanías', de Emmanuel Martínez



El pasado viernes 13 de febrero tuvimos el placer de presentar en México el primer título de la colección México Ultramarino, de la Editorial Ultramarina Cartonera & Digital.
'Profanías' de Emmanuel Martínez fue el título elegido para inaugurarla y no pudo tener más éxito con un lleno en la sala de la Casa de cultura Jesús Reyes Heroles.
Les dejamos una muestra de las fotos de lo acontecido esa noche.
...Ver más

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2.17.2015

Apoya el trabajo de Judith Santopietro, editora de Iguanazul Cartonera y poeta.


Ok, ok, si no les convence mi ‪#‎crowdfunding‬, seguro que el de Juditzin Santopietro sí lo hará. Es increíble su trabajo y netamente importante.
Spanish version below. Tenemos hasta el 21 de febrero para reunir esta cantidad. ¡Apóyanos! Iguanazul: literature in native languages (magazine, nomad radio...
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7.06.2014

Luis Arturo Guichard. Poeta y Maestro.



Poca poesía me ha atrapado con tanta voracidad (la mía, por querer entrar en ella toda): Luis Arturo Guichard (México, 1973). — en Ultramarinos.
Foto: Poca poesía me ha atrapado con tanta voracidad (la mía, por querer entrar en ella toda): Luis Arturo Guichard (México, 1973).
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2.01.2013

Rubén Bonifáz Nuño. Maestro, descanse en paz.

Ayer, 31 de enero, murió el Maestro Rubén Bonifáz Nuño.

Le recuerdo llegando a la Biblioteca Central, ciego desde hacía años, acompañado de su ayudante que le conducía hasta su despacho. Hombre de setenta años que no paró nunca su labor traduciendo a los clásicos griegos y romanos.

Llegué a él no por su labor como traductor, sino como poeta.

Ya desde entonces sabía que miraba el cuerpo deteriorado de un visionario, un hombre que abrió con sus palabras un portal a los orígenes de cosas mundanas, a través de sí todo era resplandor.

Maestro: mis palabras de agradecimiento por que usted estuvo ahí abriendo puertas, mostrando a un grupo de jóvenes universitarios que todo está por construir, que la vida es larga y que su poesía lo será mucho más aún; allá donde no se alcanza a ver el fin, es el sitio donde usted se prolonga.

Descanse en paz.

"PARA LOS QUE LLEGAN A LAS FIESTAS
Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;

para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;

para los que fueron invitados
una vez; aquéllos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta
ya mucho después de entrados todos
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;

para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;

para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia,
porque no serán consolados
los que no tendrán, los que no pueden escucharme;
para los que están armados, escribo."

Rubén Bonifáz Nuño.

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3.16.2011

Finalmente: Presentación de 'Cartografía del miedo'

Del blog de la PLACA:

(México) Eric Uribares presenta su primer poemario 'Cartografía del miedo'


En palabras de Ivan Vergara (editor de Ultramarina Cartonera en Sevilla)
"(...)la poesía de Eric Uribares confluyen diversas latitudes: críticas, políticas y transatlánticas; dimensiones extraviadas entre estampas, fobias y cartografías de nuestros inviernos; características de un poeta transfronterizo de estaciones: virtuales o contemporáneas(...)."

Pero la verdad es que la edición de este nuevo libro, titulado Cartografía del Miedo, primer poemario de Eric Uribares, se ve, el viaje marino, terrestres y volátil (más no aéreo) que el poeta hace durante sus 32 años, porque es poeta viajero desde que nació y no después, como si dentro de él existiera ya una cartografía trazada con leguas y lenguas medidas. 

Duden lo más que puedan de mis palabras, de todas, no me crean, es necesario ser escéptico, inmoral, desconfiado, muy crítico, muy incrédulo para leerlo, no se basen en notas periodísticas (las hemos omitido al máximo), tampoco en habladurías de intelectuales como chismes de mercado, ni siquiera deberían ustedes saber que lo escribió una persona, sería mejor que olvidáramos el nombre del autor que, en este caso puede ser sencillo, como les dije, este es su primer poemario y es una apuesta, no a que conozcan a un autor, si no que conozcan una poesía pura y abierta a continuar navegando en ella. Lo llamaré poesía de viajeros, de exiliados, de anónimos... como puede ser el caso de los mejores lectores, entes perdidos entre el mar de versos.  

Le repito, sea usted capaz de juzgar con sus propios ojos la poesía de Eric Uribares y para ello anexo la invitación a la presentación de su poemario, este 20 de marzo en la 5a Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Morelos. Así pues, les adjunto el programa de las actividades que se realizarán del 17 al 20 de Marzo.

No sólo vaya, también invite, con la literatura no cabe el egoísmo. 

Abrazos letrados a todos. 



--
"Las palabras son de quien las trabaja con sus propias manos"



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2.11.2011

Mario Vargas Llosa en La ciudad del vértigo.


@La_Guadalupana dedica un relato a @_Appu_

La ciudad en vértigo


   para Appu

La historia comienza así: Mario Vargas Llosa camina por una calle de la Ciudad de México, hace frío y es de noche, una noche de luna llena y cielo despejado. Vargas Llosa camina con la mirada al frente, postura un tanto castrense, barbilla levantada y rítmico balanceo de brazos. Todo parece un truco, una artimaña corporal para que nadie se acerque. A su paso muchos lo reconocen y él los ignora con sutileza magistral.

El sitio por el que camina está en la colonia Narvarte, uno de esos barrios que otrora pertenecieran a la pujante clase media y que para cuando él pisa sus calles, se ha convertido en un almacén de oficinas y edificios de alquiler habitados por una pluralidad sospechosa.
Vargas Llosa camina y yo lo reconozco tras dudar unos segundos. A partir de entonces lo miro con intensidad, le busco los ojos pero él no se digna, es un hombre acostumbrado a estas situaciones, pasa a mi lado, es más alto y fuerte de lo que yo pensaba, para entonces tiene más sesenta años y el mundo se lo comió hace veinte.

Decidí seguirlo aunque no de forma inmediata. Todo había sido relampagueante. Yo, escritor, mi barrio, él. Primero lo dejé pasar muy cerca de mí, dejando tras su marcha un olor a cuero y maderas. Tenía esperanza de que sintiera el acecho y me regalara un gesto, algo que sacudiera su voluntad de hierro. Lo miré alejarse hasta que empecé a no distinguirlo, a perderle el rastro. Entonces corrí. Lo alcancé en una calle perpendicular a la primera, una calle solitaria y oscura donde sólo se oían mis pasos y los suyos. A pesar de eso, él no volteó, no quiso verificar quién andaba tras de sí.

En la Ciudad de México la gente desarrolla una capacidad inigualable para el miedo y la supervivencia, una capacidad de reacción innata ante cualquier situación que involucre una calle oscura y unos pasos tras de sí. Pero Vargas llosa no ha desarrollado ninguna de esas capacidades y aparentemente no las necesita, las suyas parecen de eficacia probada. El hombre sólo camina y yo lo sigo empeñado en manifestar mi presencia, piso con mayor fuerza, salto para agitar las ramas de los arbustos que encuentro a mi paso y, justo cuando evalúo la posibilidad de un descarado silbido, Mario Vargas Llosa se detiene, duda unos segundos, parece verificar mentalmente el sitio, quizá la dirección. Yo lo veo todo a mitad de la calle, absorto de sentirme como un fantasma me pellizco para verificar mi condición , estoy más vivo que nada, más despierto que cualquiera, eso pienso justo cuando Mario desaparece de mi vista.

Me detengo frente al edificio en el que entró. Por un instante el paisaje me parece conocido pero no recuerdo los motivos de mis incursiones por aquellos espacios del barrio, colindantes con el Viaducto Miguel Alemán y la colonia Doctores. Pasan un par de niños en bicicleta, se persiguen uno a otro, ambos me miran directo a los ojos, pienso otra vez que estoy vivo y que no soy un fantasma, maldigo entonces mi huella mexicana, esePedro Páramo que se oculta para salir como espinilla en el momento menos esperado. Seenciende una luz en el tercer piso, pienso que ha pasado el tiempo exacto para que un hombre con la edad de Vargas Llosa, con todo y su corpulencia, suba tres niveles. Lo imagino entrando al departamento donde alguien lo espera, lo imagino sentado en un sillón, lo imagino fumando un habano de Cuba y charlando de literatura francesa, quizá literatura rusa o alemana, lo imagino escuchando atentamente un par de anécdotas, riendo educadamente mientras yo, aterido en la calle más solitaria y más sola de la colonia, espero impaciente, de pie, sin quitar la vista del sitio donde Vargas Llosa acudió para visitar a un amigo mexicano de juventud, un amigo que frecuenta poco y al que no ve desde mucho, al que no ve nunca, una visita un tanto cordial y otro tanto comprometida, el hombre fue a recogerlo al aeropuerto y ha sido muy amable, es profesor de literatura y habrá que beberse un par de copas con él, quizá una cena ligera, conocer a la esposa e hijos, escuchar discos, algo típico mexicano o algo que él escogiese gracias a la amabilidad de su anfitrión, agradecer las atenciones y salir antes de la media noche.

Las luces del departamento se apagan. Tiempo después, muy poco tiempo después en realidad, Vargas Llosa abre el portón del edificio y sin dubitaciones da media vuelta a la derecha y se echa andar con pasos casi marciales. Por supuesto, no me mira, pasa justo en la acera de enfrente, los dos solos una vez más y el hombre sigue de largo respirando apenas. Lleva algo en la mano, es una bolsa de papel no más grande que dos piezas de pan, camina rápido, para entonces lo sigo sin empacho a sabiendas que no volteará, aunque estoy seguro que ha notado mi presencia.

Caminamos muy poco, un par de calles y Mario se adentra en un sitio de luminosidad discreta que yo frecuenté hace algunos años y que ahora luce distinto, solitario, casi mortuorio. Tengo un mal presentimiento y no me atrevo a entrar. Me voy a la esquina más cercana, distingo gente, gente sentada que parece charlar, me acerco para localizar un letrero que me regale certezas de aquel sitio cuya esencia no es la misma, pero no hay nada y, efectivamente, las personas hablan unas con otras, se relacionan entre sí, parece que están a gusto, veo sonreír a muchos de ellos, veo sonreír a Mario que cruza de pronto por la ventana, lleva una copa en la mano izquierda y el bolso de papel en la derecha. A pesar de todo, la visión es fugaz y él pronto desaparece de mi vista. Decido que es momento de entrar al sitio. Cruzo la calle, me palpo los bolsillos conociendo previamente el resultado. No hay posibilidad de entrar al lugar sin dinero así que pierdo la esperanza y regreso a mi sitio preferencial de vigía noctámbulo. Vargas Llosa me regala dos o tres apariciones más. Todas igual de efímeras que la primera y todas más reveladoras que la anterior.

Primer acto: pasa Mario Vargas Llosa con una copa en una mano y una bolsa de papel en la otra. Segundo acto: pasa el mismo personaje con una copa en la mano, la bolsa de papel y la mano de una mujer en la otra. Tercer acto: Pasa Mario Vargas Llosa por la misma ventana de los actos previos y lleva un cachorro de buldog (lo sé porque tengo uno similar) en los brazos. Cuarto acto: dos copas en la mano. Pienso en el nombre de la obra, nombre que pierdo justo al momento de tenerlo porque sale Vargas Llosa con el perro en brazos, sin bolsa de papel, sin mujer, me toma distraído, camina directo hacia donde estoy, el mismo paso, la misma cadencia, el animal que carga no altera su estampa. Lo veo a los ojos y triunfo. Me ve, estoy seguro de que sus ojos encuentran los míos por algún momento. Quiero abordarlo pero el hombre pasa sin advertirme, rozando mí codo con el suyo, no altera el ritmo al percibir que mis pies se posan justo en las huellas imaginarias que dejan los suyos sobre el asfalto.

Esta vez caminamos más, no lo suficiente para abandonar la colonia pero sí para que emerjan todas mis suspicacias. Daba la impresión de que Mario camina en círculos, hacia ninguna parte o hacia todos lados, como si intentara extraviarme, como si hubiese caminado toda la noche en un duelo personal, en un cuadrilátero que sólo él y yo percibíamos.

Al fin se detiene en la banca de un parque. Supongo que es momento de que el perro orine, pero me equivoco. Mario saca un cordón fluorescente de la bolsa del pantalón. Se acerca a un árbol y amarra y al animal. Segundos después emprende la marcha con la actitud característica. Paso a un lado del perro y mueve la cola, me provoca acariciarlo, otra vez siento alivio y otra vez pienso en Pedro Páramo y no queda más que reír. Me carcajeo sin preocuparme por Vargas Llosa que, tal y como esperaba, aprieta el paso. Cada vez caminamos más a prisa y cada vez es más obvio que me ha descubierto. Andamos y andamos sin ir a ninguna parte, moviéndonos en círculos que, a no ser por la cuadratura urbana, podrían considerarse perfectos.

En algún momento el perímetro se rompe y transforma, Vargas Llosa acelera el paso y camina en línea recta, pasamos por lugares y esquinas que a la velocidad que vamos, casi a trote (él sin perder la postura), a esas horas de la madrugada se confunden con todas las formas del mundo. Calles y más calles, el silencio de la noche y nuestros pasos, uno tras otro, acompasados y equidistantes. Mario se apresura, acelera más y más hasta que todo es vértigo y casas y jardines y perros que ladran. Todo me parece conocido un segundo y al siguiente extraño. Mario se detiene frente a un edificio que reconozco. Abre el portón de la calle con habilidad extrema y se adentra sin miramientos. Me parece increíble, voy tras él, estoy decidido. Sube las escaleras hábilmente, se detiene frente a mi departamento, toca el timbre, se abre la puerta, mi puerta. Lo tengo justo donde quería, me busco las llaves en el bolsillo, no encuentro nada. Toco el timbre, nadie abre, afuera amanece y yo decido esperar a que Mario salga.


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7.21.2010

Juan Armando Rojas Joo.

Le conocí en EDITA del pasado mes de mayo, en Punta Umbría; él, con su presencia casi invisible paseando entre las mesas de las editoriales, él, con sus libros de gigante recogidos bajo el brazo, sin mayor alarde, sin gritos performáticos o cacofónicos; él, callado, humilde.

La ultima noche de estancia en el Encuentro, en la estancia de cuyo nombre no es que no quiera recordarme es solo que tengo la cabeza en otra parte, pasé la noche junto a Juan Manuel Camacho revisando los libros de poesía que generosamente nos otorgaron algunos poetas, algunos y algunas de ellos sabiendo que cada libro es una lucha nada gratuita, sabiendo que otorgarlos es un obsequio del alma, parte de uno mismo y extensión suya. Recostados leíamos versos, poemas enteros, crueles en algún momento, maravillados en otros, cómplices en una búsqueda frenética, sencillamente: ingenuos cómplices siguiendo sombreros sin copa.

Llegó entonces la Ceremonia del viento, libro en edición bilíngüe y publicado en Estados Unidos. Modificaré en un futuro este post, no veo porqué no hacerlo, lo haré porque me gustaría trasladar textualmente las palabras con las que empieza el poemario, en ellas se habla sobre el origen del libro: una visita (de las obligadas) a la tumba de Emily Dickinson.

El poema que les comparto, en el video justo debajo de este párrafo, no está incluido en Ceremonial del viento, pero es una buena oportunidad para acercarnos a la poética de Juan Armando Rojas Joo




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12.04.2009

Javier Lostalé participa en Voces del extremo 09


...y tengo la oportunidad de pasar una tarde con él compartiendo poesía. Será en la mesa que Antonio Orihuela ha dispuesto para la tarde del sábado a las 17:00. En la Fundación Zenobia y Juan Ramón.

Javier Lostalé ha pasado décadas en difundiendo el trabajo de poetas y eventos culturales por medio de la radio, en clásico programa "El ojo crítico, además de coodirigir LA ESTACIÓN AZUL, programa de poesía de Radio Tres.

Una luz…

Una luz en pliegues
iba cercándote
con un ámbito
que ya no era soledad
sino espacio hueco
en el que el pensamiento se nublaba
sin poder reducir a verdad
algo de tu vida,
Como tantas veces
fuiste hasta un cuerpo
buscando más el olvido
que el conocimiento del amor.
Y esperaste luego esas tardes
en que el recinto de lo tocado
nos envuelve mágico
trasladándonos un momento.
No hables: sabes que todo se desvanecerá como un aroma
y quedarás aún más solo.
Callado, vive poderoso en tu derrota.
Nunca nadie podrá conocerte,
pues habitante del dolor
tus ojos se retiran siempre
si alguien llega.
Victoria sea tu tristeza
jamás cantada.
_____________________________
(Del libro JIMMY, JIMMY)
Javier


NIEBLA

Todos somos niebla. Nos deshabitamos cada vez que otro ser
tiembla su voz inaugural en nuestra sangre,
y ponemos luego la memoria al nivel de la bruma del mar
para abrazar el transparente cuerpo de lo perdido.
Todos somos niebla. Buscamos una mano
y por un precipicio de silencio resbala
la inocencia muerta de su tacto.
Sobre su cadáver crecen las yemas de nuestro sueño.
Todos somos niebla. Pronunciamos un palabra
y el eco nos devuelve olvido.
Pero el corazón, al no tener cura,
navega tan alto como una estrella.
Todos somos niebla. En un rostro besamos nuestra propia herida
para envejecer después sostenidos por aquella llama de sombras.
Todos somos niebla. Miran siempre lo ojos lo que nunca ven
y así se torna la vida anunciación de un tapiado jardín.
Todos somos niebla. El pensamiento carboniza lo que desvela
hasta alcanzar la grávida invisibilidad del abandono
y despertar todavía imágenes con nuestro ojo de vuelo desierto.
El mundo es niebla. Confusos pasos por dentro.
Deslumbrante ceguera de que se abre mientras se cierra.

(Del libro HONDO ES EL RESPLANDOR)
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Bernardo Santos Ramos


Buscando información en la red sobre los poetas con lo que compartiré mesa el día sábado, llego al cuarto poeta de la lista: Bernardo Santos Ramos, nacido en Soria en 1962. La casa comienza a caerse en pedazos.

Tengo la urgencia de compartir poemas que he ido compilando por la red de él, anexo las referencias para no suscitar ningún problema.

Comparto la obra de este poeta por un impulso insano, quizá similar al momento en que me acerqué a Julio Marzán, o ultimamente a Sharon Olds (gracias Neorrabioso!)

Tendré el gusto de compartir mesa de lectura con él durante la jornada inaugural de Voces del Extremo.

Poemas:

PROHIBICIÓN DEL TABACO (I)

Cita: "A todos los que la presente vieren y entendieren. Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la siguiente ley.
JUNA CARLOS REY
LEY 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo."

Jalar del fino celofán, romper la plata.
Unos toques seguros, contundentes
en el extremo opuesto del desgarro
y aparece el fruto del placer, la miel desentrañada.
Un instante después la llama de luz y calor sobre su polo
es el inicio de un mundo volátil de ínfimos mirones
que entran por mi boca y me socavan.

Para mí, activista ardiente contra las empresas tabaqueras,
educador para la salud de todos los pulmones,
enemigo de tumores, bronquitis y enfisemas,
vigilante de leyes prohibitorias y seguidor de políticas correctas
en cuanto a humos se refiere,
fumar esporádicamente, con conciencia,
a pleno pulmón,
me hace sentir como un dios omnipotente.

Pues sólo un dios se contradice sin castigo,
Pues sólo un dios viola los consensos libremente.

De "Con el paso cambiado" (Padilla Libros. Sevilla, 2006)
Poema encontrado en: http://blogs.larioja.com/pequena/2006/8/12/un-poema-bernardo-santos


VINUESA 1

Perderse entre los pinos. Subir a lo más alto para encontrar los huecos infinitos y oír a los átomos por las agujas verdes. Sentir la tensión de aquel músculo olvidado cuando aprieta el repecho. Respirar hondo para meter al mundo en las costillas. Hacer crujir la ramas secas con las botas viejas. Mirar la montaña y predisponer el corazón a la llanura.

Hacer resonar en el fondo de la caja torácica una oración, una alabanza a la belleza, una petición de la justicia. Ver el haz atravesar la espesura. Parar y beber un chorro de agua clara. Saludar a las cumbres desde la humildad humana. Tener un pensamiento para los que están lejos; para los cuerpos que habitan sólo en el deseo.

Y por encima de todo regresar. Volver a ver los prados, las cercas, los aperos olvidados contra el muro. Reconocer la carretera con su puente. Regresar sobre todas las cosas. Sentir que pisamos la calle, los escalones de la casa. Reconocer que el mundo gira, a pesar de todo, que hay una dimensión humana de las cosas. Entrar de nuevo a la faena, ponerse manos a la obra.

Del libro inédito “Vinuesa, Zahara y otros lugares”


***

dos negruras no hacen una luz
como dos no suman uno
si uno se empeña en no sumar
si uno es carne de membrillo en la casa de empeño

por más que se empeñen
padres, maestros, jueces, policías,
predicadores, gurús, los telediarios

por más que se empeñen
cuberterías de plata, y manteles de hilo

por más empeño que quepa en una mano
avariciosamente hacia ti
hay empeños congelados
ciega
yerta
pétrea mano que hoy no es eficaz

dos negruras no hacen una luz
y dos jirones no hacen drama
de la vacuidad de corazón
del despojo de flor

ni aunque se empeñe toda la escuela de Boston

Del libro inédito “Steady cam”



BIOGRAFÍA, POR DECIR ALGO

En medio de mi alrededor, fui voyeur,
lector, copista de bellas biografías,
espectador y hagiógrafo de la libertad que me falta.
Cronista y relator, compilé los besos y los versos de los otros,
los viajes y las risas de otros,
las noches y los días de otros,
los deseos y los sueños míos.

Como un filatélico guardé el placer ajeno en mi álbum triste,
desde la barrera, desde la sala de doblaje.
Bibliotecario y farmacéutico,
clasifiqué el tiempo y el espacio en que otros se movían;
en las orgías siempre estuve en la intendencia,
en los días en que se hace la historia, miré bien para contarlo.
Ni autor, ni director, ni actor, ni siquiera personaje,
me situé en el patio de butacas.
El río de Heráclito lo he visto desde el puente.

No confieso que he vivido, ni estuve a la sombra del ángel.
Tampoco perdí arboleda alguna,
pues del páramo salí camino de la estepa.

Del libro “Con el paso cambiado”
Extraído del blog: http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2007/01/bernardo-santos-ramos.html
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3.19.2015

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2.26.2015

Fotografías y reseña de la presentación de 'Profanías', de Emmanuel Martínez



El pasado viernes 13 de febrero tuvimos el placer de presentar en México el primer título de la colección México Ultramarino, de la Editorial Ultramarina Cartonera & Digital.
'Profanías' de Emmanuel Martínez fue el título elegido para inaugurarla y no pudo tener más éxito con un lleno en la sala de la Casa de cultura Jesús Reyes Heroles.
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7.06.2014

Luis Arturo Guichard. Poeta y Maestro.



Poca poesía me ha atrapado con tanta voracidad (la mía, por querer entrar en ella toda): Luis Arturo Guichard (México, 1973). — en Ultramarinos.
Foto: Poca poesía me ha atrapado con tanta voracidad (la mía, por querer entrar en ella toda): Luis Arturo Guichard (México, 1973).
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2.01.2013

Rubén Bonifáz Nuño. Maestro, descanse en paz.

Ayer, 31 de enero, murió el Maestro Rubén Bonifáz Nuño.

Le recuerdo llegando a la Biblioteca Central, ciego desde hacía años, acompañado de su ayudante que le conducía hasta su despacho. Hombre de setenta años que no paró nunca su labor traduciendo a los clásicos griegos y romanos.

Llegué a él no por su labor como traductor, sino como poeta.

Ya desde entonces sabía que miraba el cuerpo deteriorado de un visionario, un hombre que abrió con sus palabras un portal a los orígenes de cosas mundanas, a través de sí todo era resplandor.

Maestro: mis palabras de agradecimiento por que usted estuvo ahí abriendo puertas, mostrando a un grupo de jóvenes universitarios que todo está por construir, que la vida es larga y que su poesía lo será mucho más aún; allá donde no se alcanza a ver el fin, es el sitio donde usted se prolonga.

Descanse en paz.

"PARA LOS QUE LLEGAN A LAS FIESTAS
Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;

para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;

para los que fueron invitados
una vez; aquéllos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta
ya mucho después de entrados todos
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;

para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;

para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia,
porque no serán consolados
los que no tendrán, los que no pueden escucharme;
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Finalmente: Presentación de 'Cartografía del miedo'

Del blog de la PLACA:

(México) Eric Uribares presenta su primer poemario 'Cartografía del miedo'


En palabras de Ivan Vergara (editor de Ultramarina Cartonera en Sevilla)
"(...)la poesía de Eric Uribares confluyen diversas latitudes: críticas, políticas y transatlánticas; dimensiones extraviadas entre estampas, fobias y cartografías de nuestros inviernos; características de un poeta transfronterizo de estaciones: virtuales o contemporáneas(...)."

Pero la verdad es que la edición de este nuevo libro, titulado Cartografía del Miedo, primer poemario de Eric Uribares, se ve, el viaje marino, terrestres y volátil (más no aéreo) que el poeta hace durante sus 32 años, porque es poeta viajero desde que nació y no después, como si dentro de él existiera ya una cartografía trazada con leguas y lenguas medidas. 

Duden lo más que puedan de mis palabras, de todas, no me crean, es necesario ser escéptico, inmoral, desconfiado, muy crítico, muy incrédulo para leerlo, no se basen en notas periodísticas (las hemos omitido al máximo), tampoco en habladurías de intelectuales como chismes de mercado, ni siquiera deberían ustedes saber que lo escribió una persona, sería mejor que olvidáramos el nombre del autor que, en este caso puede ser sencillo, como les dije, este es su primer poemario y es una apuesta, no a que conozcan a un autor, si no que conozcan una poesía pura y abierta a continuar navegando en ella. Lo llamaré poesía de viajeros, de exiliados, de anónimos... como puede ser el caso de los mejores lectores, entes perdidos entre el mar de versos.  

Le repito, sea usted capaz de juzgar con sus propios ojos la poesía de Eric Uribares y para ello anexo la invitación a la presentación de su poemario, este 20 de marzo en la 5a Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Morelos. Así pues, les adjunto el programa de las actividades que se realizarán del 17 al 20 de Marzo.

No sólo vaya, también invite, con la literatura no cabe el egoísmo. 

Abrazos letrados a todos. 



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"Las palabras son de quien las trabaja con sus propias manos"



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2.11.2011

Mario Vargas Llosa en La ciudad del vértigo.


@La_Guadalupana dedica un relato a @_Appu_

La ciudad en vértigo


   para Appu

La historia comienza así: Mario Vargas Llosa camina por una calle de la Ciudad de México, hace frío y es de noche, una noche de luna llena y cielo despejado. Vargas Llosa camina con la mirada al frente, postura un tanto castrense, barbilla levantada y rítmico balanceo de brazos. Todo parece un truco, una artimaña corporal para que nadie se acerque. A su paso muchos lo reconocen y él los ignora con sutileza magistral.

El sitio por el que camina está en la colonia Narvarte, uno de esos barrios que otrora pertenecieran a la pujante clase media y que para cuando él pisa sus calles, se ha convertido en un almacén de oficinas y edificios de alquiler habitados por una pluralidad sospechosa.
Vargas Llosa camina y yo lo reconozco tras dudar unos segundos. A partir de entonces lo miro con intensidad, le busco los ojos pero él no se digna, es un hombre acostumbrado a estas situaciones, pasa a mi lado, es más alto y fuerte de lo que yo pensaba, para entonces tiene más sesenta años y el mundo se lo comió hace veinte.

Decidí seguirlo aunque no de forma inmediata. Todo había sido relampagueante. Yo, escritor, mi barrio, él. Primero lo dejé pasar muy cerca de mí, dejando tras su marcha un olor a cuero y maderas. Tenía esperanza de que sintiera el acecho y me regalara un gesto, algo que sacudiera su voluntad de hierro. Lo miré alejarse hasta que empecé a no distinguirlo, a perderle el rastro. Entonces corrí. Lo alcancé en una calle perpendicular a la primera, una calle solitaria y oscura donde sólo se oían mis pasos y los suyos. A pesar de eso, él no volteó, no quiso verificar quién andaba tras de sí.

En la Ciudad de México la gente desarrolla una capacidad inigualable para el miedo y la supervivencia, una capacidad de reacción innata ante cualquier situación que involucre una calle oscura y unos pasos tras de sí. Pero Vargas llosa no ha desarrollado ninguna de esas capacidades y aparentemente no las necesita, las suyas parecen de eficacia probada. El hombre sólo camina y yo lo sigo empeñado en manifestar mi presencia, piso con mayor fuerza, salto para agitar las ramas de los arbustos que encuentro a mi paso y, justo cuando evalúo la posibilidad de un descarado silbido, Mario Vargas Llosa se detiene, duda unos segundos, parece verificar mentalmente el sitio, quizá la dirección. Yo lo veo todo a mitad de la calle, absorto de sentirme como un fantasma me pellizco para verificar mi condición , estoy más vivo que nada, más despierto que cualquiera, eso pienso justo cuando Mario desaparece de mi vista.

Me detengo frente al edificio en el que entró. Por un instante el paisaje me parece conocido pero no recuerdo los motivos de mis incursiones por aquellos espacios del barrio, colindantes con el Viaducto Miguel Alemán y la colonia Doctores. Pasan un par de niños en bicicleta, se persiguen uno a otro, ambos me miran directo a los ojos, pienso otra vez que estoy vivo y que no soy un fantasma, maldigo entonces mi huella mexicana, esePedro Páramo que se oculta para salir como espinilla en el momento menos esperado. Seenciende una luz en el tercer piso, pienso que ha pasado el tiempo exacto para que un hombre con la edad de Vargas Llosa, con todo y su corpulencia, suba tres niveles. Lo imagino entrando al departamento donde alguien lo espera, lo imagino sentado en un sillón, lo imagino fumando un habano de Cuba y charlando de literatura francesa, quizá literatura rusa o alemana, lo imagino escuchando atentamente un par de anécdotas, riendo educadamente mientras yo, aterido en la calle más solitaria y más sola de la colonia, espero impaciente, de pie, sin quitar la vista del sitio donde Vargas Llosa acudió para visitar a un amigo mexicano de juventud, un amigo que frecuenta poco y al que no ve desde mucho, al que no ve nunca, una visita un tanto cordial y otro tanto comprometida, el hombre fue a recogerlo al aeropuerto y ha sido muy amable, es profesor de literatura y habrá que beberse un par de copas con él, quizá una cena ligera, conocer a la esposa e hijos, escuchar discos, algo típico mexicano o algo que él escogiese gracias a la amabilidad de su anfitrión, agradecer las atenciones y salir antes de la media noche.

Las luces del departamento se apagan. Tiempo después, muy poco tiempo después en realidad, Vargas Llosa abre el portón del edificio y sin dubitaciones da media vuelta a la derecha y se echa andar con pasos casi marciales. Por supuesto, no me mira, pasa justo en la acera de enfrente, los dos solos una vez más y el hombre sigue de largo respirando apenas. Lleva algo en la mano, es una bolsa de papel no más grande que dos piezas de pan, camina rápido, para entonces lo sigo sin empacho a sabiendas que no volteará, aunque estoy seguro que ha notado mi presencia.

Caminamos muy poco, un par de calles y Mario se adentra en un sitio de luminosidad discreta que yo frecuenté hace algunos años y que ahora luce distinto, solitario, casi mortuorio. Tengo un mal presentimiento y no me atrevo a entrar. Me voy a la esquina más cercana, distingo gente, gente sentada que parece charlar, me acerco para localizar un letrero que me regale certezas de aquel sitio cuya esencia no es la misma, pero no hay nada y, efectivamente, las personas hablan unas con otras, se relacionan entre sí, parece que están a gusto, veo sonreír a muchos de ellos, veo sonreír a Mario que cruza de pronto por la ventana, lleva una copa en la mano izquierda y el bolso de papel en la derecha. A pesar de todo, la visión es fugaz y él pronto desaparece de mi vista. Decido que es momento de entrar al sitio. Cruzo la calle, me palpo los bolsillos conociendo previamente el resultado. No hay posibilidad de entrar al lugar sin dinero así que pierdo la esperanza y regreso a mi sitio preferencial de vigía noctámbulo. Vargas Llosa me regala dos o tres apariciones más. Todas igual de efímeras que la primera y todas más reveladoras que la anterior.

Primer acto: pasa Mario Vargas Llosa con una copa en una mano y una bolsa de papel en la otra. Segundo acto: pasa el mismo personaje con una copa en la mano, la bolsa de papel y la mano de una mujer en la otra. Tercer acto: Pasa Mario Vargas Llosa por la misma ventana de los actos previos y lleva un cachorro de buldog (lo sé porque tengo uno similar) en los brazos. Cuarto acto: dos copas en la mano. Pienso en el nombre de la obra, nombre que pierdo justo al momento de tenerlo porque sale Vargas Llosa con el perro en brazos, sin bolsa de papel, sin mujer, me toma distraído, camina directo hacia donde estoy, el mismo paso, la misma cadencia, el animal que carga no altera su estampa. Lo veo a los ojos y triunfo. Me ve, estoy seguro de que sus ojos encuentran los míos por algún momento. Quiero abordarlo pero el hombre pasa sin advertirme, rozando mí codo con el suyo, no altera el ritmo al percibir que mis pies se posan justo en las huellas imaginarias que dejan los suyos sobre el asfalto.

Esta vez caminamos más, no lo suficiente para abandonar la colonia pero sí para que emerjan todas mis suspicacias. Daba la impresión de que Mario camina en círculos, hacia ninguna parte o hacia todos lados, como si intentara extraviarme, como si hubiese caminado toda la noche en un duelo personal, en un cuadrilátero que sólo él y yo percibíamos.

Al fin se detiene en la banca de un parque. Supongo que es momento de que el perro orine, pero me equivoco. Mario saca un cordón fluorescente de la bolsa del pantalón. Se acerca a un árbol y amarra y al animal. Segundos después emprende la marcha con la actitud característica. Paso a un lado del perro y mueve la cola, me provoca acariciarlo, otra vez siento alivio y otra vez pienso en Pedro Páramo y no queda más que reír. Me carcajeo sin preocuparme por Vargas Llosa que, tal y como esperaba, aprieta el paso. Cada vez caminamos más a prisa y cada vez es más obvio que me ha descubierto. Andamos y andamos sin ir a ninguna parte, moviéndonos en círculos que, a no ser por la cuadratura urbana, podrían considerarse perfectos.

En algún momento el perímetro se rompe y transforma, Vargas Llosa acelera el paso y camina en línea recta, pasamos por lugares y esquinas que a la velocidad que vamos, casi a trote (él sin perder la postura), a esas horas de la madrugada se confunden con todas las formas del mundo. Calles y más calles, el silencio de la noche y nuestros pasos, uno tras otro, acompasados y equidistantes. Mario se apresura, acelera más y más hasta que todo es vértigo y casas y jardines y perros que ladran. Todo me parece conocido un segundo y al siguiente extraño. Mario se detiene frente a un edificio que reconozco. Abre el portón de la calle con habilidad extrema y se adentra sin miramientos. Me parece increíble, voy tras él, estoy decidido. Sube las escaleras hábilmente, se detiene frente a mi departamento, toca el timbre, se abre la puerta, mi puerta. Lo tengo justo donde quería, me busco las llaves en el bolsillo, no encuentro nada. Toco el timbre, nadie abre, afuera amanece y yo decido esperar a que Mario salga.


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7.21.2010

Juan Armando Rojas Joo.

Le conocí en EDITA del pasado mes de mayo, en Punta Umbría; él, con su presencia casi invisible paseando entre las mesas de las editoriales, él, con sus libros de gigante recogidos bajo el brazo, sin mayor alarde, sin gritos performáticos o cacofónicos; él, callado, humilde.

La ultima noche de estancia en el Encuentro, en la estancia de cuyo nombre no es que no quiera recordarme es solo que tengo la cabeza en otra parte, pasé la noche junto a Juan Manuel Camacho revisando los libros de poesía que generosamente nos otorgaron algunos poetas, algunos y algunas de ellos sabiendo que cada libro es una lucha nada gratuita, sabiendo que otorgarlos es un obsequio del alma, parte de uno mismo y extensión suya. Recostados leíamos versos, poemas enteros, crueles en algún momento, maravillados en otros, cómplices en una búsqueda frenética, sencillamente: ingenuos cómplices siguiendo sombreros sin copa.

Llegó entonces la Ceremonia del viento, libro en edición bilíngüe y publicado en Estados Unidos. Modificaré en un futuro este post, no veo porqué no hacerlo, lo haré porque me gustaría trasladar textualmente las palabras con las que empieza el poemario, en ellas se habla sobre el origen del libro: una visita (de las obligadas) a la tumba de Emily Dickinson.

El poema que les comparto, en el video justo debajo de este párrafo, no está incluido en Ceremonial del viento, pero es una buena oportunidad para acercarnos a la poética de Juan Armando Rojas Joo




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12.04.2009

Javier Lostalé participa en Voces del extremo 09


...y tengo la oportunidad de pasar una tarde con él compartiendo poesía. Será en la mesa que Antonio Orihuela ha dispuesto para la tarde del sábado a las 17:00. En la Fundación Zenobia y Juan Ramón.

Javier Lostalé ha pasado décadas en difundiendo el trabajo de poetas y eventos culturales por medio de la radio, en clásico programa "El ojo crítico, además de coodirigir LA ESTACIÓN AZUL, programa de poesía de Radio Tres.

Una luz…

Una luz en pliegues
iba cercándote
con un ámbito
que ya no era soledad
sino espacio hueco
en el que el pensamiento se nublaba
sin poder reducir a verdad
algo de tu vida,
Como tantas veces
fuiste hasta un cuerpo
buscando más el olvido
que el conocimiento del amor.
Y esperaste luego esas tardes
en que el recinto de lo tocado
nos envuelve mágico
trasladándonos un momento.
No hables: sabes que todo se desvanecerá como un aroma
y quedarás aún más solo.
Callado, vive poderoso en tu derrota.
Nunca nadie podrá conocerte,
pues habitante del dolor
tus ojos se retiran siempre
si alguien llega.
Victoria sea tu tristeza
jamás cantada.
_____________________________
(Del libro JIMMY, JIMMY)
Javier


NIEBLA

Todos somos niebla. Nos deshabitamos cada vez que otro ser
tiembla su voz inaugural en nuestra sangre,
y ponemos luego la memoria al nivel de la bruma del mar
para abrazar el transparente cuerpo de lo perdido.
Todos somos niebla. Buscamos una mano
y por un precipicio de silencio resbala
la inocencia muerta de su tacto.
Sobre su cadáver crecen las yemas de nuestro sueño.
Todos somos niebla. Pronunciamos un palabra
y el eco nos devuelve olvido.
Pero el corazón, al no tener cura,
navega tan alto como una estrella.
Todos somos niebla. En un rostro besamos nuestra propia herida
para envejecer después sostenidos por aquella llama de sombras.
Todos somos niebla. Miran siempre lo ojos lo que nunca ven
y así se torna la vida anunciación de un tapiado jardín.
Todos somos niebla. El pensamiento carboniza lo que desvela
hasta alcanzar la grávida invisibilidad del abandono
y despertar todavía imágenes con nuestro ojo de vuelo desierto.
El mundo es niebla. Confusos pasos por dentro.
Deslumbrante ceguera de que se abre mientras se cierra.

(Del libro HONDO ES EL RESPLANDOR)

Bernardo Santos Ramos


Buscando información en la red sobre los poetas con lo que compartiré mesa el día sábado, llego al cuarto poeta de la lista: Bernardo Santos Ramos, nacido en Soria en 1962. La casa comienza a caerse en pedazos.

Tengo la urgencia de compartir poemas que he ido compilando por la red de él, anexo las referencias para no suscitar ningún problema.

Comparto la obra de este poeta por un impulso insano, quizá similar al momento en que me acerqué a Julio Marzán, o ultimamente a Sharon Olds (gracias Neorrabioso!)

Tendré el gusto de compartir mesa de lectura con él durante la jornada inaugural de Voces del Extremo.

Poemas:

PROHIBICIÓN DEL TABACO (I)

Cita: "A todos los que la presente vieren y entendieren. Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la siguiente ley.
JUNA CARLOS REY
LEY 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo."

Jalar del fino celofán, romper la plata.
Unos toques seguros, contundentes
en el extremo opuesto del desgarro
y aparece el fruto del placer, la miel desentrañada.
Un instante después la llama de luz y calor sobre su polo
es el inicio de un mundo volátil de ínfimos mirones
que entran por mi boca y me socavan.

Para mí, activista ardiente contra las empresas tabaqueras,
educador para la salud de todos los pulmones,
enemigo de tumores, bronquitis y enfisemas,
vigilante de leyes prohibitorias y seguidor de políticas correctas
en cuanto a humos se refiere,
fumar esporádicamente, con conciencia,
a pleno pulmón,
me hace sentir como un dios omnipotente.

Pues sólo un dios se contradice sin castigo,
Pues sólo un dios viola los consensos libremente.

De "Con el paso cambiado" (Padilla Libros. Sevilla, 2006)
Poema encontrado en: http://blogs.larioja.com/pequena/2006/8/12/un-poema-bernardo-santos


VINUESA 1

Perderse entre los pinos. Subir a lo más alto para encontrar los huecos infinitos y oír a los átomos por las agujas verdes. Sentir la tensión de aquel músculo olvidado cuando aprieta el repecho. Respirar hondo para meter al mundo en las costillas. Hacer crujir la ramas secas con las botas viejas. Mirar la montaña y predisponer el corazón a la llanura.

Hacer resonar en el fondo de la caja torácica una oración, una alabanza a la belleza, una petición de la justicia. Ver el haz atravesar la espesura. Parar y beber un chorro de agua clara. Saludar a las cumbres desde la humildad humana. Tener un pensamiento para los que están lejos; para los cuerpos que habitan sólo en el deseo.

Y por encima de todo regresar. Volver a ver los prados, las cercas, los aperos olvidados contra el muro. Reconocer la carretera con su puente. Regresar sobre todas las cosas. Sentir que pisamos la calle, los escalones de la casa. Reconocer que el mundo gira, a pesar de todo, que hay una dimensión humana de las cosas. Entrar de nuevo a la faena, ponerse manos a la obra.

Del libro inédito “Vinuesa, Zahara y otros lugares”


***

dos negruras no hacen una luz
como dos no suman uno
si uno se empeña en no sumar
si uno es carne de membrillo en la casa de empeño

por más que se empeñen
padres, maestros, jueces, policías,
predicadores, gurús, los telediarios

por más que se empeñen
cuberterías de plata, y manteles de hilo

por más empeño que quepa en una mano
avariciosamente hacia ti
hay empeños congelados
ciega
yerta
pétrea mano que hoy no es eficaz

dos negruras no hacen una luz
y dos jirones no hacen drama
de la vacuidad de corazón
del despojo de flor

ni aunque se empeñe toda la escuela de Boston

Del libro inédito “Steady cam”



BIOGRAFÍA, POR DECIR ALGO

En medio de mi alrededor, fui voyeur,
lector, copista de bellas biografías,
espectador y hagiógrafo de la libertad que me falta.
Cronista y relator, compilé los besos y los versos de los otros,
los viajes y las risas de otros,
las noches y los días de otros,
los deseos y los sueños míos.

Como un filatélico guardé el placer ajeno en mi álbum triste,
desde la barrera, desde la sala de doblaje.
Bibliotecario y farmacéutico,
clasifiqué el tiempo y el espacio en que otros se movían;
en las orgías siempre estuve en la intendencia,
en los días en que se hace la historia, miré bien para contarlo.
Ni autor, ni director, ni actor, ni siquiera personaje,
me situé en el patio de butacas.
El río de Heráclito lo he visto desde el puente.

No confieso que he vivido, ni estuve a la sombra del ángel.
Tampoco perdí arboleda alguna,
pues del páramo salí camino de la estepa.

Del libro “Con el paso cambiado”
Extraído del blog: http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2007/01/bernardo-santos-ramos.html

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