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3.29.2014

Trasatlántik #04 - Los dilemas de la poesía (I) Librerías

//Iván Vergara

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El escenario es el siguiente: usted despierta con la inquietud de saber qué es aquello que la gente llama en las calles poesía y de qué carajo va. No es una persona de muchas lecturas, pero las letras de las canciones de Arjona le resultan interesantes y no ha faltado la ocasión en que alguna señorita (o señorito) mencione con un suspiro largo y plácido, “él sí que es todo un poeta”.

Intuirá los posibles recintos en los que podría hallarla con facilidad, tal como intuye que en los puestos de periódicos no podría conseguir ningún libro que incluya poemas, a menos de que considere (quizá no del todo erróneamente) que las revistas del corazón, el Libro Vaquero o el Alarma son vestigios literarios donde podría hallar ese preciado tesoro literario del cual ha oído hablar.

Por una ocasión en la que los designios de la vida le han favorecido, se encuentra que tiene cincuenta pesos en la cartera que puede invertir en comprar uno de esos libros de poemas y enterarse finalmente de qué va el asunto.

Las librerías le resultan lugares un tanto incomprensibles; en su mayoría, le parecen espacios en los que no se siente del todo a gusto, ya que siempre ha sentido las miradas de los otros clientes, ya sea porque la vestimenta no sea la correcta, o el color de piel no sea el correcto, o el libro que sostiene con curiosidad en las manos mientras anda por las estanterías es el erróneo. Algo tiene que ir mal, pues las miradas no dejan de hacerle sentir vigilado.

Quizá sienta el impulso de preguntar en dónde encontrará la sección de poesía, y mejor que lo haga, ya que si no puede quedar atrapado en uno de esos vórtices que los libreros más adiestrados colocan para los despistados con la intención maquiavélica toda ella de conducirlos al título de mayor venta del momento.

Caminará por pasillos estrechos, poco iluminados. Tenga cuidado de las bestias que rondan. No suelte su bolso: está usted entrando a la sección más alejada de esta bodega del conocimiento y los peligros acechan. Ha llegado usted a la estantería de Poesía.

Usted notará entonces que, de los nombres que lee, no reconoce a ninguno; quizá alguno de los apellidos le recuerde a algún cómico mexicano, pero cuando tenga el libro en las manos notará que no se cuentan muchos chistes y que el autor es más bien chileno y está bien muerto. Se sorprenderá por la enorme cantidad de títulos que mencionan las palabras “antología”, “lo más perrón de…”, “selección de poesía”, “compilación”, “poesía para dummies”. Como un zarpazo, notará igual que las malas noticias que elegir un libro entre tantos, el idóneo, no le será del todo tarea sencilla.

Se preguntará si acaso ese poeta de apellido mesiánico repetido en el lomo de decenas de libros, todos ellos de colosales dimensiones —como si de biblias compiladas se tratara—, pudiera ser el elegido: Paz. Antes de sacar al azar uno de los tomos, sopla el polvo acumulado encima de él; estará a punto de perecer de asfixia. Alguien del otro lado del pasillo hará un enérgico “ssssssshhhhhhhh” mientras una pareja mirando de reojo hacia usted no parará de susurrar entre ellos.

En el instante de abrir el libraco, mira el precio escrito con lápiz con una caligrafía que no le da una buena espina, menos aún el precio que ronda casi siete u ocho veces el presupuesto que lleva en el bolsillo (un poco menos si se descuenta el coste del metro y el autobús que desde hace unos meses no dejan de subir sus precios tanto de la ida como de la vuelta). Elige buscar entre libros más pequeños, con menos páginas y sin esas portadas lustrosas que tanto le han atraído.

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Primer intento. Atardeceres y Nostalgias Bizarras. No encuentra el nombre de la editorial por ningún sitio, ni el del autor; más aún, le sorprende que las portadas estén hechas de cartón y que, a pesar de que el precio es el correcto a su bolsillo, quizá no entienda del todo lo que ha leído en cuanto abrió el libro, ni el que las hojas se hayan desparramado por el suelo nada más abrirlo. Sin embargo, el precio sigue ganando y, hasta el momento, probablemente sea lo que más le interese. Nota que a sus espaldas la pareja ya no susurra, le mira abierta y escandalosamente al ver el libro que sostiene en las manos. Huyen como si de la peste se tratase.

Advertencia #01: no se le ocurra preguntar a ningún dependiente, todos negarán haber leído un libro de poesía. Le mirarán con la vista perdida y le recomendarán ocupe su tiempo leyendo algo más fructífero, como los libros que están en la estantería colocada en la entrada. Antes de irse, le advertirán que no robe nada: las cámaras le están vigilando.

Segundo intento. Prisma invertido. “Algo tuvo que ocurrir terriblemente mal para que un libro como este llegue a esta estantería”, piensa calladamente. Quizá se envalentone y se lo haga saber al dependiente: las palabras están desperdigadas todas ellas por la hoja, casi vacía e insomne, además de que el tamaño es irregular; las palabras bajan (o suben) como cascadas. Usted recordará entonces el listado de la compra. Intenta leyendo de derecha a izquierda, o unir las palabras con líneas invisibles; quizá algo le digan, “algo deben esconder”, o está en lo cierto y la imprenta ha cometido un error garrafal (junto la consecuente lista de fallos que tuvieron que darse para que el libro llegase a sus manos). Lo único que ciertamente sabe es erróneo es el precio: rebasa casi por tres el presupuesto de su bolsillo.

Advertencia #02: no se le ocurra asomarse a mirar el nombre del título que algún otro despistado haya tomado de la estantería, le sacarán los ojos, maldecirán a sus siete futuras generaciones, le seguirán por los pasillos repitiéndole si no tiene algo mejor que hacer. Ocúpese de sus asuntos.

Es verdad que la poesía es algo ajeno. Al azar, usted ha tomado uno a uno los libros que le han atraído, pero no ha podido hallar eso que dicen que tiene la poesía, sus secretos: ‘l”a poesía habla sobre la verdad de las cosas”, escuchó al pasar por una terraza “de esas culturales”, y al querer saber algo de ello ha emprendido esta aventura. Título tras título le llevaron al fracaso.

Le ha dado la impresión de haber sido testigo involuntario de un concierto en el que abrió la noche un dúo de boleros; a continuación, una banda con instrumentos electrónicos interpretando todo menos melodías; le siguió algo así como un solista de rap seguido de una interpretación romántica por un trío de cuerdas y mucho, mucho rock urbano (a excepción de ese librito que parecía no tener mucho que decir, ya que solamente escribía poemas de tres líneas por hoja. Ahora que lo piensa, lleva usted varios días recordando sus personajes: hormigas, troncos secos, un silencio y su canto). Todo ello le ha parecido una cacofonía de palabras que no le ha conducido por ningún sitio nuevo. Le parece una gentileza el que los autores se encuentren por el orden de apellido en las estanterías, pero aún permanece sorprendido al notar la disonancia entre un autor y otro.

Usted solamente quería pasar un buen rato descubriendo “los secretos de la vida”, pero le ha parecido que la mayoría de las veces leía las confesiones de su vecino en aquel día que su pareja lo abandonó, o como aquella vez que de cerveza en cerveza escuchó a su compadre quejarse de su mala suerte en la vida, o de lo terriblemente machista que es el mundo, según su ahijada. Ya no ha de contar esos libros donde parecía que a cada hoja le faltaban o sobraban palabras. Hay algo en la poesía que no alcanza, no se lo están poniendo fácil.

Al regresar a casa ha leído totalmente el libro que ha elegido: las obras completas de Joaquín Sabina, con fotos a todo color y con un descuento del 5%. Recordará que tuvo que pagar más de los cincuenta pesos de presupuesto, pero ha valido la pena. Al leerlo camino a casa ha pensado ‘él sí que es todo un poeta’.

Aunque, sea usted sincero: no ha dejado de pensar en la pintada que leyó al salir de la librería, con su compra bajo el brazo y la satisfacción de haber cumplido lo cometido. Le ha tomado una foto con su teléfono de última generación (que tendrá que pagar, también ha de decirse, hasta su última generación) y la ha subido a su Caralibro: un par de palabras que no le han permitido dormir y le han quitado el hambre, le han obligado a tomar un lápiz e, incluso, le han hecho escribir una tercera palabra con la intención de añadirla a las primeras dos (está seguro que vino de ese susurro que no para). Ya le han llegado los primeros comentarios en el muro donde publicó la imagen: “ay a poco muy muy”, “de cuál fumaste”, “págame mis 50 pesos”.

A usted, extrañamente, le da igual. Sigue pensando en lo que ha leído; la sigue compartiendo:

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Trasatlántik #03 - “Emigrants & Inmigrants”. Canción de amor

 // Iván Vergara*


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Llegué a España en febrero del 2004, tiempo suficiente para conocer la cultura y la sociedad en el sur del país: Andalucía, una de las autonomías más golpeadas por la reciente crisis económica. Comprender sus costumbres, su habla, sus motivaciones y sus profundos temores y recelos no es ejercicio de difícil comprensión: son un pueblo de risa y alegría contagiosa. A pesar de ello, las similitudes en la percepción a la hora de “recibir al extranjero” con la manera en la que México lo hace es sencillamente abrumadora; tanto un país como el otro están llenos de prejuicios que anteponer en el momento de acercarse al otro, al que viene de fuera.

Durante estos nueve años hay algo que se puede sentir en cualquier sitio del país, tan real y tangible como la creciente pobreza: la creencia que España merece algo por decreto, que no debe nada a los de afuera, que todo lo ha ganado a pulso. Uno no debe caer en la trampa ante tales enunciados; tan claro debe quedar que por supuesto merece estar en un sitio mucho mejor en el cual se encuentra, pero tampoco es verdad que la deuda histórica con otras naciones sea cosa del pasado. Debido a la manera en la que este sistema económico funciona, aplicado a través de sus instituciones (estado e iglesia), el bienestar de una región/nación siempre le deberá a otro su ruina. En estos casos muchas veces la ruina será la de todo un país… o continente.

Actualmente, los jóvenes españoles menores de 35 años no han vivido más que en un sueño, construido con mentiras sobre una economía de la misma naturaleza. El vacío en el que se encuentra una cantidad enorme de ellos es abismal: no empleo, no salidas y —como una mala broma de finales de los setenta— no futuro. La falta de recursos y desarrollo de nuevos modelos educativos han sido los principales motores para crear una generación desapegada de su pasado, sin compromiso con su historia y un nulo agradecimiento a todo lo que tuvo que ocurrir para que pudieran gozar del éxito económico que vivieron durante los noventa y la primera mitad de la última década. Más de la mitad de jóvenes menores de 29 años están desempleados, viven en casa de los padres y tampoco tienen oportunidades para estudiar;* los costos de los masters y especializaciones se han encarecido, y poco o nada se hace para incentivar la creación de empresas para jóvenes emprendedores.

Los que se van. Perfil de joven emigrante español: entre 25 y 35 años, carrera universitaria, idiomas, breve experiencia profesional, visión global. En este momento no puedo contar las amistades que se encuentran en Alemania, Suecia, Finlandia, Francia, Inglaterra, Holanda; todos ellos se acercan a la definición de emigrante. No era nada raro encontrarlos en manifestaciones durante los últimos meses, actuando y difundiendo a través de las redes sociales. El “espíritu joven y crítico de esta generación” ha abandonado España; queda por ver la manera en la que interactuarán desde la distancia.

Sin embargo, los que se quedan son quienes están sufriendo en carne viva el trauma y la depresión de esta etapa. Aquellos jóvenes universitarios que han terminado su carrera o master y que no han podido salir del país, no dudarían en hacerlo de tener las posibilidades económicas que este riesgo conlleva; por otra parte, está el gran número de jóvenes que no cuentan con una preparación universitaria y tiene poca o nula carrera académica, siendo la mayoría de ellos los principales afectados al haber optado en su momento por participar en el campo laboral de la construcción durante el boom de la ‘burbuja inmobiliaria’.

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El panorama actual tiene todas las aristas y peculiaridades de cada caso particular; también hay muchos jóvenes que optan por quedarse, por supuesto. Sin embargo, el ambiente en general es gris, depresivo y nada alentador. En los años de la bonanza económica, España se convirtió por un lapso breve (brevísimo) de tiempo (no más de 30 años) en un país que recibió un flujo importante de gente. Europa no se quedó con la boca callada y pidió cambios en las leyes de inmigración para cerrar las puertas al continente. Los años en los que llegó la mayor afluencia de inmigrantes han quedado muy atrás; sin embargo, las políticas inmigratorias siguen siendo estrictas y nada conciliadoras.

En medio de este panorama está también el uso de la inmigración como arma política, dado que es una etapa en la que la gente está inmersa en un momento de pánico regularizado por el miedo económico, en el que cualquier tipo de argumento que acuse notoriamente a alguien será recibido con agrado. El enaltecimiento de políticas xenófobas, el crecimiento de partidos racistas, la vox populi que clama: “Que se vayan los extranjeros que aquí no hay trabajo” son pan cotidiano, algo que preocupa y con razón a los inmigrantes que viven en este país, sobre todo si la escalada continúa en ascenso. En las actuales encuestas, la inmigración ya no es uno de los principales problemas de los españoles; de hecho, se encuentran muy detrás del desempleo y la falta de confianza ante los partidos políticos y las últimas noticias escandalosas de corrupción.

Las coincidencias. Es imposible pensar la historia de México y España sin un pasado en común. España en las últimas tres décadas ha tenido que reaccionar, quizá por primera vez desde hace siglos (cuando Sevilla recibía todos los tesoros del Nuevo Mundo). México, por el contrario, está “acostumbrado” a recibir oleadas de inmigrantes. La última española hace poco más de setenta años.

Al momento de escribir este artículo, pienso en cómo seguir con el argumento siguiente: “el espectro de población más empobrecido de ambos países es el que mayor reticencias muestra para aceptar al visitante extranjero que decide quedarse”. ¿Qué piensa el mexicano promedio? Ese 33 % que vive en pobreza moderada, o el 13% que vive en pobreza extrema,** en total casi un 50% de la población. ¿Son tolerantes con los españoles que están decidiendo viajar a México (como hace quinientos años), o con la gente de Centroamérica que decide hacer lo mismo? Al menos en España, quienes componen la población de bajo nivel económico y educativo son los que más dudan o rechazan al visitante.

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•          * Extraído de
http://www.expansion.com/2012/07/16/economia/1342442078.html
•          ** Extraído de http://www.telesurtv.net/articulos/2013/01/11/pobreza-extrema-afecta-a-mas-de-13-millones-de-personas-en-mexico-1233.html”

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3.28.2014

Trasatlántik #02 - La XXII Cumbre Iberoamericana y la Mascarada

// Iván Vergara*



El pasado fin de semana terminó la edición número XXII de la Cumbre Iberoamericana, realizada en esta ocasión en Cádiz, al sur de España. Con la intención de estrechar lazos entre las naciones asistentes, se sucedieron las reuniones entre mandatarios, representantes y cordialidades de escritorio que podíamos prevenir días antes de la Cumbre: nada nuevo bajo el sol, aunque algunos destellos sí que merecen ser mencionados.

Todos los buenos deseos enarbolados por figuras como Juan Carlos II, Mariano Rajoy y los demás representantes de las naciones iberoamericanas recuerdan las veintidós reuniones anteriores, siendo más bien una calca repetida hasta el cansancio. El reto es conducir a la realización de los temas propuestos y no quedar solamente en la foto en la que las manos se estrechan firmemente, sonrientes todos ellos y con enormes cargas encima que no pueden ocultar. Estos retos deben dar respuesta a la inmigración y el paso libre de los ciudadanos de un estado a otro, del apoyo a las medianas y pequeñas industrias, el trabajo en torno a los nuevos caminos que deberemos tomar para hacer uso de las energías renovables. Más importante que todo lo anterior, sería fundamental elevar un llamamiento a la condena inmediata de los abusos financieros de la banca y sus especuladores. Esos son algunos de los retos. ¿Dónde están las propuestas y las decisiones que debieron tomarse en estos días durante la Cumbre?

El discurso propiciado por Mariano Rajoy llamó a la “seguridad jurídica” de las empresas, “ya que es el ‘nutriente’ de la inversión, que genera a su vez ‘crecimiento y empleo’”. Sin embargo, son las empresas gigantes las que se han beneficiado de esta política, no la mediana, la pequeña industria, ni los autónomos, que son los principales contribuyentes de la nación española y que hace apenas unos días realizaron la segunda Huelga General en el periodo de mandato del dirigente español. Estas mismas empresas son las que saquean a los países más endeudados haciendo del bien de una nación la ruina del otro. ¿Acaso esto es lo mejor que se puede proponer en una Cumbre, darle continuidad a un sistema que es inefectivo, corrupto y desigual?

Grandes falacias giran en torno a esta cumbre sacando a la luz las grandes carencias que adolecen en este momento algunas de las naciones reunidas en torno a la seguridad, el bienestar social, la libertad de prensa y los conflictos internos de cada nación. El ejemplo de Rafael Correa imprecando a la entrevistadora de RTVE al preguntarle por la recién cesada Ana Pastor, es una muestra notoria de la firmeza con la que algunas de naciones americanas piden también respuesta ante las acciones emprendidas por el gobierno español, en un periodo en el que la crisis económica está destrozando brutalmente los derechos de ciudadanos y el favorecimiento a las grandes fortunas; un momento en el que los medios de comunicación nacionales defienden los abusos policiales, la corrupción en los partidos políticos y la impunidad ante las grandes estafas económicas de esas empresas que tanto han intentado defender durante la cumbre. Las voces críticas ante el mandatario ecuatoriano no tardaron en llegar. Fuera de toda controversia respecto a su persona y su manera de conducir su propia nación, uno puede preguntarse: ¿y la respuesta ante el problema de la manipulación mediática, cuándo llegará? Deberían comenzar a planteárselo, pues más allá del tema de la foto, al abrazo y la sonrisa, deberán esforzarse por no hacernos concluir que, sencillamente, no les interesa en lo más mínimo lo que ocurre fuera de sus círculos, un afuera en el cual nos encontramos prácticamente todos.

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1.23.2013

Trasatlántik #01 - Pánico y Locura editorial


// Iván Vergara*



Especulando es como curan su existencia los viejos hábitos mientras su intención siga siendo clara y notoria: extender y prolongar su estatus de superioridad. Especulando es como los gigantes del mundo editorial planean dar continuidad a un modelo de negocio que ha existido desde que el mundo es mundo, o mejor dicho, desde que el mundo es una extensión del capital, el beneficio y la ganancia (y no se piense que sea al contrario).

Contagiadas de tal efecto, las nuevas posibilidades editoriales se encuentran en una deriva impregnada de especulación, incentivada para crear fronteras entre los diversos formatos de edición y el desconocimiento de los pequeños editores sobre las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen, en un momento en el que, al parecer, el formato digital moverá profundamente los cimientos del gigante.

Un motivo de preocupación es el papel que están tomando los responsables de la mayoría de editoriales independientes, ajenos en muchos casos a las novedades que ofrecen editoriales poco convencionales, tanto en lo digital como en el mundo impreso. Hablar del libro digital con cualquier editor es un reto de dos a tres caídas, un espacio para discusiones combativas en las que primarán los ‘nuevos mitos’ del editor, el desconocimiento y la visión particular que pueda aportar cada uno.

El panorama en Hispanoamérica no puede ser más desolador: Amazon y Google entrando en el mercado con la notoria intención de crear un notorio monopolio. En la otra esquina, los ‘Independientes’ que, a pesar de hacer uso de creatividad y desfachatez, no logran entrar en un mercado mayoritario, además de estar siempre cuestionados por el propio sistema que les obliga a replegarse y entrar en el juego de toda la vida.

El disminuido trabajo en torno a discutir la riqueza que se tiene por delante ante los diversos formatos de publicación que se están extendiendo desde hace ya varias décadas —principalmente en los formatos artesanales, de colección y los peculiares libros de artista y su condición más cercana al objeto de arte que al de consumo— ha originado una notoria distancia en las ventas de los libros impresos y clónicos frente a las que una editorial independiente y arriesgada pueda obtener, a pesar de que en los últimos años todos estos formatos estén gozado de un prestigioso crecimiento.

Más allá de cualquier especulación, nuestro cotidianeidad comienza a exigir planteamientos que otorguen respuestas a diatribas entre lo socialmente correcto y lo mercantilmente correcto. El editor de cualquier formato tendrá que responder, ante todo, a la finalidad de su proyecto y si en él habrá cabida a acciones sociales para mejorar los paupérrimos índices de lectura o será solamente una maquinaria para generar ingresos. Los puentes que se pueden tender entre una finalidad y otra han estado siempre ahí, aunque en este momento sea la especulación económica la que lleve la puntuación más alta. Son los nuevos editores los que podrán crear medios alternos en los que una conjunción entre lo económico y la responsabilidad social sean compatibles.

En España y México los caminos se encuentran ya trazados, pero será en estos años cuando se colocarán ciertas bases para los relevos que esperan ya su propio terreno. El formato digital y el formato artesanal son, en apariencia, ajenos y disímiles, pero no faltará quien encuentre la manera de vincularlos y abrir nuevos caminos. Quienes decidan seguir el camino de la vieja escuela, antes deberán plantearse con seriedad si la impresión de un libro es en verdad un aporte a la comunidad en un momento en el que millones de ejemplares salen al mercado y millones de ejemplares más son devueltos para destruirse. Quizá sea en medio de esta locura donde encontremos que la apertura de formatos pueda dar las respuestas idóneas. La finalidad continúa siendo la misma desde que la letra es letra y ha podido compartirse mediante un formato de lectura: comunicar, difundir y divulgar.

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3.29.2014

Trasatlántik #04 - Los dilemas de la poesía (I) Librerías

//Iván Vergara

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El escenario es el siguiente: usted despierta con la inquietud de saber qué es aquello que la gente llama en las calles poesía y de qué carajo va. No es una persona de muchas lecturas, pero las letras de las canciones de Arjona le resultan interesantes y no ha faltado la ocasión en que alguna señorita (o señorito) mencione con un suspiro largo y plácido, “él sí que es todo un poeta”.

Intuirá los posibles recintos en los que podría hallarla con facilidad, tal como intuye que en los puestos de periódicos no podría conseguir ningún libro que incluya poemas, a menos de que considere (quizá no del todo erróneamente) que las revistas del corazón, el Libro Vaquero o el Alarma son vestigios literarios donde podría hallar ese preciado tesoro literario del cual ha oído hablar.

Por una ocasión en la que los designios de la vida le han favorecido, se encuentra que tiene cincuenta pesos en la cartera que puede invertir en comprar uno de esos libros de poemas y enterarse finalmente de qué va el asunto.

Las librerías le resultan lugares un tanto incomprensibles; en su mayoría, le parecen espacios en los que no se siente del todo a gusto, ya que siempre ha sentido las miradas de los otros clientes, ya sea porque la vestimenta no sea la correcta, o el color de piel no sea el correcto, o el libro que sostiene con curiosidad en las manos mientras anda por las estanterías es el erróneo. Algo tiene que ir mal, pues las miradas no dejan de hacerle sentir vigilado.

Quizá sienta el impulso de preguntar en dónde encontrará la sección de poesía, y mejor que lo haga, ya que si no puede quedar atrapado en uno de esos vórtices que los libreros más adiestrados colocan para los despistados con la intención maquiavélica toda ella de conducirlos al título de mayor venta del momento.

Caminará por pasillos estrechos, poco iluminados. Tenga cuidado de las bestias que rondan. No suelte su bolso: está usted entrando a la sección más alejada de esta bodega del conocimiento y los peligros acechan. Ha llegado usted a la estantería de Poesía.

Usted notará entonces que, de los nombres que lee, no reconoce a ninguno; quizá alguno de los apellidos le recuerde a algún cómico mexicano, pero cuando tenga el libro en las manos notará que no se cuentan muchos chistes y que el autor es más bien chileno y está bien muerto. Se sorprenderá por la enorme cantidad de títulos que mencionan las palabras “antología”, “lo más perrón de…”, “selección de poesía”, “compilación”, “poesía para dummies”. Como un zarpazo, notará igual que las malas noticias que elegir un libro entre tantos, el idóneo, no le será del todo tarea sencilla.

Se preguntará si acaso ese poeta de apellido mesiánico repetido en el lomo de decenas de libros, todos ellos de colosales dimensiones —como si de biblias compiladas se tratara—, pudiera ser el elegido: Paz. Antes de sacar al azar uno de los tomos, sopla el polvo acumulado encima de él; estará a punto de perecer de asfixia. Alguien del otro lado del pasillo hará un enérgico “ssssssshhhhhhhh” mientras una pareja mirando de reojo hacia usted no parará de susurrar entre ellos.

En el instante de abrir el libraco, mira el precio escrito con lápiz con una caligrafía que no le da una buena espina, menos aún el precio que ronda casi siete u ocho veces el presupuesto que lleva en el bolsillo (un poco menos si se descuenta el coste del metro y el autobús que desde hace unos meses no dejan de subir sus precios tanto de la ida como de la vuelta). Elige buscar entre libros más pequeños, con menos páginas y sin esas portadas lustrosas que tanto le han atraído.

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Primer intento. Atardeceres y Nostalgias Bizarras. No encuentra el nombre de la editorial por ningún sitio, ni el del autor; más aún, le sorprende que las portadas estén hechas de cartón y que, a pesar de que el precio es el correcto a su bolsillo, quizá no entienda del todo lo que ha leído en cuanto abrió el libro, ni el que las hojas se hayan desparramado por el suelo nada más abrirlo. Sin embargo, el precio sigue ganando y, hasta el momento, probablemente sea lo que más le interese. Nota que a sus espaldas la pareja ya no susurra, le mira abierta y escandalosamente al ver el libro que sostiene en las manos. Huyen como si de la peste se tratase.

Advertencia #01: no se le ocurra preguntar a ningún dependiente, todos negarán haber leído un libro de poesía. Le mirarán con la vista perdida y le recomendarán ocupe su tiempo leyendo algo más fructífero, como los libros que están en la estantería colocada en la entrada. Antes de irse, le advertirán que no robe nada: las cámaras le están vigilando.

Segundo intento. Prisma invertido. “Algo tuvo que ocurrir terriblemente mal para que un libro como este llegue a esta estantería”, piensa calladamente. Quizá se envalentone y se lo haga saber al dependiente: las palabras están desperdigadas todas ellas por la hoja, casi vacía e insomne, además de que el tamaño es irregular; las palabras bajan (o suben) como cascadas. Usted recordará entonces el listado de la compra. Intenta leyendo de derecha a izquierda, o unir las palabras con líneas invisibles; quizá algo le digan, “algo deben esconder”, o está en lo cierto y la imprenta ha cometido un error garrafal (junto la consecuente lista de fallos que tuvieron que darse para que el libro llegase a sus manos). Lo único que ciertamente sabe es erróneo es el precio: rebasa casi por tres el presupuesto de su bolsillo.

Advertencia #02: no se le ocurra asomarse a mirar el nombre del título que algún otro despistado haya tomado de la estantería, le sacarán los ojos, maldecirán a sus siete futuras generaciones, le seguirán por los pasillos repitiéndole si no tiene algo mejor que hacer. Ocúpese de sus asuntos.

Es verdad que la poesía es algo ajeno. Al azar, usted ha tomado uno a uno los libros que le han atraído, pero no ha podido hallar eso que dicen que tiene la poesía, sus secretos: ‘l”a poesía habla sobre la verdad de las cosas”, escuchó al pasar por una terraza “de esas culturales”, y al querer saber algo de ello ha emprendido esta aventura. Título tras título le llevaron al fracaso.

Le ha dado la impresión de haber sido testigo involuntario de un concierto en el que abrió la noche un dúo de boleros; a continuación, una banda con instrumentos electrónicos interpretando todo menos melodías; le siguió algo así como un solista de rap seguido de una interpretación romántica por un trío de cuerdas y mucho, mucho rock urbano (a excepción de ese librito que parecía no tener mucho que decir, ya que solamente escribía poemas de tres líneas por hoja. Ahora que lo piensa, lleva usted varios días recordando sus personajes: hormigas, troncos secos, un silencio y su canto). Todo ello le ha parecido una cacofonía de palabras que no le ha conducido por ningún sitio nuevo. Le parece una gentileza el que los autores se encuentren por el orden de apellido en las estanterías, pero aún permanece sorprendido al notar la disonancia entre un autor y otro.

Usted solamente quería pasar un buen rato descubriendo “los secretos de la vida”, pero le ha parecido que la mayoría de las veces leía las confesiones de su vecino en aquel día que su pareja lo abandonó, o como aquella vez que de cerveza en cerveza escuchó a su compadre quejarse de su mala suerte en la vida, o de lo terriblemente machista que es el mundo, según su ahijada. Ya no ha de contar esos libros donde parecía que a cada hoja le faltaban o sobraban palabras. Hay algo en la poesía que no alcanza, no se lo están poniendo fácil.

Al regresar a casa ha leído totalmente el libro que ha elegido: las obras completas de Joaquín Sabina, con fotos a todo color y con un descuento del 5%. Recordará que tuvo que pagar más de los cincuenta pesos de presupuesto, pero ha valido la pena. Al leerlo camino a casa ha pensado ‘él sí que es todo un poeta’.

Aunque, sea usted sincero: no ha dejado de pensar en la pintada que leyó al salir de la librería, con su compra bajo el brazo y la satisfacción de haber cumplido lo cometido. Le ha tomado una foto con su teléfono de última generación (que tendrá que pagar, también ha de decirse, hasta su última generación) y la ha subido a su Caralibro: un par de palabras que no le han permitido dormir y le han quitado el hambre, le han obligado a tomar un lápiz e, incluso, le han hecho escribir una tercera palabra con la intención de añadirla a las primeras dos (está seguro que vino de ese susurro que no para). Ya le han llegado los primeros comentarios en el muro donde publicó la imagen: “ay a poco muy muy”, “de cuál fumaste”, “págame mis 50 pesos”.

A usted, extrañamente, le da igual. Sigue pensando en lo que ha leído; la sigue compartiendo:

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 // Iván Vergara*


circuitos_trasatlantikenero13

Llegué a España en febrero del 2004, tiempo suficiente para conocer la cultura y la sociedad en el sur del país: Andalucía, una de las autonomías más golpeadas por la reciente crisis económica. Comprender sus costumbres, su habla, sus motivaciones y sus profundos temores y recelos no es ejercicio de difícil comprensión: son un pueblo de risa y alegría contagiosa. A pesar de ello, las similitudes en la percepción a la hora de “recibir al extranjero” con la manera en la que México lo hace es sencillamente abrumadora; tanto un país como el otro están llenos de prejuicios que anteponer en el momento de acercarse al otro, al que viene de fuera.

Durante estos nueve años hay algo que se puede sentir en cualquier sitio del país, tan real y tangible como la creciente pobreza: la creencia que España merece algo por decreto, que no debe nada a los de afuera, que todo lo ha ganado a pulso. Uno no debe caer en la trampa ante tales enunciados; tan claro debe quedar que por supuesto merece estar en un sitio mucho mejor en el cual se encuentra, pero tampoco es verdad que la deuda histórica con otras naciones sea cosa del pasado. Debido a la manera en la que este sistema económico funciona, aplicado a través de sus instituciones (estado e iglesia), el bienestar de una región/nación siempre le deberá a otro su ruina. En estos casos muchas veces la ruina será la de todo un país… o continente.

Actualmente, los jóvenes españoles menores de 35 años no han vivido más que en un sueño, construido con mentiras sobre una economía de la misma naturaleza. El vacío en el que se encuentra una cantidad enorme de ellos es abismal: no empleo, no salidas y —como una mala broma de finales de los setenta— no futuro. La falta de recursos y desarrollo de nuevos modelos educativos han sido los principales motores para crear una generación desapegada de su pasado, sin compromiso con su historia y un nulo agradecimiento a todo lo que tuvo que ocurrir para que pudieran gozar del éxito económico que vivieron durante los noventa y la primera mitad de la última década. Más de la mitad de jóvenes menores de 29 años están desempleados, viven en casa de los padres y tampoco tienen oportunidades para estudiar;* los costos de los masters y especializaciones se han encarecido, y poco o nada se hace para incentivar la creación de empresas para jóvenes emprendedores.

Los que se van. Perfil de joven emigrante español: entre 25 y 35 años, carrera universitaria, idiomas, breve experiencia profesional, visión global. En este momento no puedo contar las amistades que se encuentran en Alemania, Suecia, Finlandia, Francia, Inglaterra, Holanda; todos ellos se acercan a la definición de emigrante. No era nada raro encontrarlos en manifestaciones durante los últimos meses, actuando y difundiendo a través de las redes sociales. El “espíritu joven y crítico de esta generación” ha abandonado España; queda por ver la manera en la que interactuarán desde la distancia.

Sin embargo, los que se quedan son quienes están sufriendo en carne viva el trauma y la depresión de esta etapa. Aquellos jóvenes universitarios que han terminado su carrera o master y que no han podido salir del país, no dudarían en hacerlo de tener las posibilidades económicas que este riesgo conlleva; por otra parte, está el gran número de jóvenes que no cuentan con una preparación universitaria y tiene poca o nula carrera académica, siendo la mayoría de ellos los principales afectados al haber optado en su momento por participar en el campo laboral de la construcción durante el boom de la ‘burbuja inmobiliaria’.

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El panorama actual tiene todas las aristas y peculiaridades de cada caso particular; también hay muchos jóvenes que optan por quedarse, por supuesto. Sin embargo, el ambiente en general es gris, depresivo y nada alentador. En los años de la bonanza económica, España se convirtió por un lapso breve (brevísimo) de tiempo (no más de 30 años) en un país que recibió un flujo importante de gente. Europa no se quedó con la boca callada y pidió cambios en las leyes de inmigración para cerrar las puertas al continente. Los años en los que llegó la mayor afluencia de inmigrantes han quedado muy atrás; sin embargo, las políticas inmigratorias siguen siendo estrictas y nada conciliadoras.

En medio de este panorama está también el uso de la inmigración como arma política, dado que es una etapa en la que la gente está inmersa en un momento de pánico regularizado por el miedo económico, en el que cualquier tipo de argumento que acuse notoriamente a alguien será recibido con agrado. El enaltecimiento de políticas xenófobas, el crecimiento de partidos racistas, la vox populi que clama: “Que se vayan los extranjeros que aquí no hay trabajo” son pan cotidiano, algo que preocupa y con razón a los inmigrantes que viven en este país, sobre todo si la escalada continúa en ascenso. En las actuales encuestas, la inmigración ya no es uno de los principales problemas de los españoles; de hecho, se encuentran muy detrás del desempleo y la falta de confianza ante los partidos políticos y las últimas noticias escandalosas de corrupción.

Las coincidencias. Es imposible pensar la historia de México y España sin un pasado en común. España en las últimas tres décadas ha tenido que reaccionar, quizá por primera vez desde hace siglos (cuando Sevilla recibía todos los tesoros del Nuevo Mundo). México, por el contrario, está “acostumbrado” a recibir oleadas de inmigrantes. La última española hace poco más de setenta años.

Al momento de escribir este artículo, pienso en cómo seguir con el argumento siguiente: “el espectro de población más empobrecido de ambos países es el que mayor reticencias muestra para aceptar al visitante extranjero que decide quedarse”. ¿Qué piensa el mexicano promedio? Ese 33 % que vive en pobreza moderada, o el 13% que vive en pobreza extrema,** en total casi un 50% de la población. ¿Son tolerantes con los españoles que están decidiendo viajar a México (como hace quinientos años), o con la gente de Centroamérica que decide hacer lo mismo? Al menos en España, quienes componen la población de bajo nivel económico y educativo son los que más dudan o rechazan al visitante.

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•          * Extraído de
http://www.expansion.com/2012/07/16/economia/1342442078.html
•          ** Extraído de http://www.telesurtv.net/articulos/2013/01/11/pobreza-extrema-afecta-a-mas-de-13-millones-de-personas-en-mexico-1233.html”

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3.28.2014

Trasatlántik #02 - La XXII Cumbre Iberoamericana y la Mascarada

// Iván Vergara*



El pasado fin de semana terminó la edición número XXII de la Cumbre Iberoamericana, realizada en esta ocasión en Cádiz, al sur de España. Con la intención de estrechar lazos entre las naciones asistentes, se sucedieron las reuniones entre mandatarios, representantes y cordialidades de escritorio que podíamos prevenir días antes de la Cumbre: nada nuevo bajo el sol, aunque algunos destellos sí que merecen ser mencionados.

Todos los buenos deseos enarbolados por figuras como Juan Carlos II, Mariano Rajoy y los demás representantes de las naciones iberoamericanas recuerdan las veintidós reuniones anteriores, siendo más bien una calca repetida hasta el cansancio. El reto es conducir a la realización de los temas propuestos y no quedar solamente en la foto en la que las manos se estrechan firmemente, sonrientes todos ellos y con enormes cargas encima que no pueden ocultar. Estos retos deben dar respuesta a la inmigración y el paso libre de los ciudadanos de un estado a otro, del apoyo a las medianas y pequeñas industrias, el trabajo en torno a los nuevos caminos que deberemos tomar para hacer uso de las energías renovables. Más importante que todo lo anterior, sería fundamental elevar un llamamiento a la condena inmediata de los abusos financieros de la banca y sus especuladores. Esos son algunos de los retos. ¿Dónde están las propuestas y las decisiones que debieron tomarse en estos días durante la Cumbre?

El discurso propiciado por Mariano Rajoy llamó a la “seguridad jurídica” de las empresas, “ya que es el ‘nutriente’ de la inversión, que genera a su vez ‘crecimiento y empleo’”. Sin embargo, son las empresas gigantes las que se han beneficiado de esta política, no la mediana, la pequeña industria, ni los autónomos, que son los principales contribuyentes de la nación española y que hace apenas unos días realizaron la segunda Huelga General en el periodo de mandato del dirigente español. Estas mismas empresas son las que saquean a los países más endeudados haciendo del bien de una nación la ruina del otro. ¿Acaso esto es lo mejor que se puede proponer en una Cumbre, darle continuidad a un sistema que es inefectivo, corrupto y desigual?

Grandes falacias giran en torno a esta cumbre sacando a la luz las grandes carencias que adolecen en este momento algunas de las naciones reunidas en torno a la seguridad, el bienestar social, la libertad de prensa y los conflictos internos de cada nación. El ejemplo de Rafael Correa imprecando a la entrevistadora de RTVE al preguntarle por la recién cesada Ana Pastor, es una muestra notoria de la firmeza con la que algunas de naciones americanas piden también respuesta ante las acciones emprendidas por el gobierno español, en un periodo en el que la crisis económica está destrozando brutalmente los derechos de ciudadanos y el favorecimiento a las grandes fortunas; un momento en el que los medios de comunicación nacionales defienden los abusos policiales, la corrupción en los partidos políticos y la impunidad ante las grandes estafas económicas de esas empresas que tanto han intentado defender durante la cumbre. Las voces críticas ante el mandatario ecuatoriano no tardaron en llegar. Fuera de toda controversia respecto a su persona y su manera de conducir su propia nación, uno puede preguntarse: ¿y la respuesta ante el problema de la manipulación mediática, cuándo llegará? Deberían comenzar a planteárselo, pues más allá del tema de la foto, al abrazo y la sonrisa, deberán esforzarse por no hacernos concluir que, sencillamente, no les interesa en lo más mínimo lo que ocurre fuera de sus círculos, un afuera en el cual nos encontramos prácticamente todos.

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1.23.2013

Trasatlántik #01 - Pánico y Locura editorial


// Iván Vergara*



Especulando es como curan su existencia los viejos hábitos mientras su intención siga siendo clara y notoria: extender y prolongar su estatus de superioridad. Especulando es como los gigantes del mundo editorial planean dar continuidad a un modelo de negocio que ha existido desde que el mundo es mundo, o mejor dicho, desde que el mundo es una extensión del capital, el beneficio y la ganancia (y no se piense que sea al contrario).

Contagiadas de tal efecto, las nuevas posibilidades editoriales se encuentran en una deriva impregnada de especulación, incentivada para crear fronteras entre los diversos formatos de edición y el desconocimiento de los pequeños editores sobre las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen, en un momento en el que, al parecer, el formato digital moverá profundamente los cimientos del gigante.

Un motivo de preocupación es el papel que están tomando los responsables de la mayoría de editoriales independientes, ajenos en muchos casos a las novedades que ofrecen editoriales poco convencionales, tanto en lo digital como en el mundo impreso. Hablar del libro digital con cualquier editor es un reto de dos a tres caídas, un espacio para discusiones combativas en las que primarán los ‘nuevos mitos’ del editor, el desconocimiento y la visión particular que pueda aportar cada uno.

El panorama en Hispanoamérica no puede ser más desolador: Amazon y Google entrando en el mercado con la notoria intención de crear un notorio monopolio. En la otra esquina, los ‘Independientes’ que, a pesar de hacer uso de creatividad y desfachatez, no logran entrar en un mercado mayoritario, además de estar siempre cuestionados por el propio sistema que les obliga a replegarse y entrar en el juego de toda la vida.

El disminuido trabajo en torno a discutir la riqueza que se tiene por delante ante los diversos formatos de publicación que se están extendiendo desde hace ya varias décadas —principalmente en los formatos artesanales, de colección y los peculiares libros de artista y su condición más cercana al objeto de arte que al de consumo— ha originado una notoria distancia en las ventas de los libros impresos y clónicos frente a las que una editorial independiente y arriesgada pueda obtener, a pesar de que en los últimos años todos estos formatos estén gozado de un prestigioso crecimiento.

Más allá de cualquier especulación, nuestro cotidianeidad comienza a exigir planteamientos que otorguen respuestas a diatribas entre lo socialmente correcto y lo mercantilmente correcto. El editor de cualquier formato tendrá que responder, ante todo, a la finalidad de su proyecto y si en él habrá cabida a acciones sociales para mejorar los paupérrimos índices de lectura o será solamente una maquinaria para generar ingresos. Los puentes que se pueden tender entre una finalidad y otra han estado siempre ahí, aunque en este momento sea la especulación económica la que lleve la puntuación más alta. Son los nuevos editores los que podrán crear medios alternos en los que una conjunción entre lo económico y la responsabilidad social sean compatibles.

En España y México los caminos se encuentran ya trazados, pero será en estos años cuando se colocarán ciertas bases para los relevos que esperan ya su propio terreno. El formato digital y el formato artesanal son, en apariencia, ajenos y disímiles, pero no faltará quien encuentre la manera de vincularlos y abrir nuevos caminos. Quienes decidan seguir el camino de la vieja escuela, antes deberán plantearse con seriedad si la impresión de un libro es en verdad un aporte a la comunidad en un momento en el que millones de ejemplares salen al mercado y millones de ejemplares más son devueltos para destruirse. Quizá sea en medio de esta locura donde encontremos que la apertura de formatos pueda dar las respuestas idóneas. La finalidad continúa siendo la misma desde que la letra es letra y ha podido compartirse mediante un formato de lectura: comunicar, difundir y divulgar.

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