7.23.2009

Diez años sin el poeta Claudio Ramírez


Un 22 de julio, poco antes de terminar el siglo XX, el poeta Claudio Rodríguez expiraba, a la vez que proyectaba su vida y obra al infinito, dando vida a su leyenda con su muerte.

Poeta precoz y contundente en su madurez. Maestro de la palabra verídica, la que atina y sangra.

No hace falta decir que nos hemos conocido en noches de lectura, esas veladas que obligan a la meditación o a la revoltosa creación, de estar mudo sobre la cama vislumbrando acertado, después de esos versos, que el tiempo es mezquino y vil,o al contrario, salir disparado de cama, encender la lámpara de la mesilla de noche (o lo que esté a la mano, un mechero, una bombilla sostenida del cable pelado, una farola, un ático en sombras) y escribir con la mímesis de fondo, unica testigo de nuestro intento por ser el maestro.

Tampoco hace falta mencionar mi nula sorpresa al no encontrar ningun noticiario que diera la noticia, o las pocas menciones en las redes sociales, e incluso muchos blogs literarios. No es una sorpresa, no hace falta. La obra del maestro Rodríguez trascenderá más que estos diminutos diez años de muerte (y este olvido distraído), trascenderá muchas de nuestras vidas y su obra será aún vigente.


TIEMPO MEZQUINO

Hoy con el viento del Norte
me ha venido aquella historia.
Mal andaban por entonces
mis pies y peor mi boca
en aquella ciudad de hosco
censo, de miseria y de honra.
Entre la vieja costumbre
de rapiña y de lisonja,
de pobre encuesta y de saldo
barato, iba ya muy coja
mi juventud. ¿Por qué lo hice?
Me avergüenzo de mi boca
no por aquellas palabras
sino por aquella boca
que besó. ¿Qué tiempo hace
de ello? ¿Quién me lo reprocha?
Un sabor a almendra amarga
queda, un sabor a carcoma;
sabor a traición, a cuerpo
vendido, a caricia pocha.

Ojalá el tiempo tan sólo
fuera lo que se ama. Se odia
y es tiempo también. Y es canto.
Te odié entonces y hoy me importa
recordarte, verte enfrente
sin que nadie nos socorra
y amarte otra vez, y odiarte
de nuevo. Te beso ahora
y te traiciono ahora sobre
tu cuerpo. ¿Quién no negocia
con lo poco que posee?
Si ayer fue venta, hoy es compra;
mañana, arrepentimiento.
No es la sola hora la aurora.




A tus diez años de muerto, cierro este minúsculo homenaje con este par de versos:

""Tal vez, valiendo lo que vale un día,
sea mejor que el de hoy acabe pronto."

Claudio Rodríguez
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7.23.2009

Diez años sin el poeta Claudio Ramírez


Un 22 de julio, poco antes de terminar el siglo XX, el poeta Claudio Rodríguez expiraba, a la vez que proyectaba su vida y obra al infinito, dando vida a su leyenda con su muerte.

Poeta precoz y contundente en su madurez. Maestro de la palabra verídica, la que atina y sangra.

No hace falta decir que nos hemos conocido en noches de lectura, esas veladas que obligan a la meditación o a la revoltosa creación, de estar mudo sobre la cama vislumbrando acertado, después de esos versos, que el tiempo es mezquino y vil,o al contrario, salir disparado de cama, encender la lámpara de la mesilla de noche (o lo que esté a la mano, un mechero, una bombilla sostenida del cable pelado, una farola, un ático en sombras) y escribir con la mímesis de fondo, unica testigo de nuestro intento por ser el maestro.

Tampoco hace falta mencionar mi nula sorpresa al no encontrar ningun noticiario que diera la noticia, o las pocas menciones en las redes sociales, e incluso muchos blogs literarios. No es una sorpresa, no hace falta. La obra del maestro Rodríguez trascenderá más que estos diminutos diez años de muerte (y este olvido distraído), trascenderá muchas de nuestras vidas y su obra será aún vigente.


TIEMPO MEZQUINO

Hoy con el viento del Norte
me ha venido aquella historia.
Mal andaban por entonces
mis pies y peor mi boca
en aquella ciudad de hosco
censo, de miseria y de honra.
Entre la vieja costumbre
de rapiña y de lisonja,
de pobre encuesta y de saldo
barato, iba ya muy coja
mi juventud. ¿Por qué lo hice?
Me avergüenzo de mi boca
no por aquellas palabras
sino por aquella boca
que besó. ¿Qué tiempo hace
de ello? ¿Quién me lo reprocha?
Un sabor a almendra amarga
queda, un sabor a carcoma;
sabor a traición, a cuerpo
vendido, a caricia pocha.

Ojalá el tiempo tan sólo
fuera lo que se ama. Se odia
y es tiempo también. Y es canto.
Te odié entonces y hoy me importa
recordarte, verte enfrente
sin que nadie nos socorra
y amarte otra vez, y odiarte
de nuevo. Te beso ahora
y te traiciono ahora sobre
tu cuerpo. ¿Quién no negocia
con lo poco que posee?
Si ayer fue venta, hoy es compra;
mañana, arrepentimiento.
No es la sola hora la aurora.




A tus diez años de muerto, cierro este minúsculo homenaje con este par de versos:

""Tal vez, valiendo lo que vale un día,
sea mejor que el de hoy acabe pronto."

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