12.02.2008

El cristal que no duerme, sobre Francisco José Cruz (Alcalá del río, 1962)




Últimamente deambulo por la casa con un desvelo rígido y un muerto bajo la pluma. Lo primero viene a cuenta de un estado casi permanente en los últimos meses y que se ha agravado con el frío de la ciudad y mi nula capacidad por levantarme de cama cuando aún no hay luz en el cuarto. Remedios para solventar este insomnio provocado muchos y variados, algunos con peores resultados que los otros, pero siempre con el mismo resultado: noches sin dormir a una hora moderada, entiéndase que no suelo conciliarme con Orfeo hasta después de las cuatro de la madrugada, y apenas son hoy las dos y media.

Entre esos inútiles remedios, intenté terminar una novela que tengo en la mesa de noche y que en los últimos días me ha causado más horas en vela que de descanso, consecuencia de que el escritor de dicho libro ha robado un ejemplar de la primera Antología del Recital Chilango Andaluz 2006 y que es cuestión de recordar el suceso para comenzar a mezclar la lectura de la obra con el hecho en cuestión, cosa que aún me sigue causando una risa que bien regularmente termina en un regaño de la compañera que duerme al lado.

Retomaré el asunto del muerto bajo la pluma más tarde.

Frente al ordenador hay poco, o todo por hacer. El reto está en los resultados que ofrezca el motor de búsqueda y lo que el inconciente seleccionará para la lectura, en este caso el primer intento es fallido, no hay muchas páginas que aparezcan si tecleo Francisco Cruz, así que añado la palabra “Poeta” y busco algo de interés en las páginas que aparecen. Entre ellos me he encontrado con el siguiente poema:

ESTURION EN UN ACUARIO
Viene del origen del mundo, por eso habita
en el fondo del mar, que es el fondo del tiempo.
Atravesó los siglos bajo el vidrio
cambiante
de las aguas, para reproducirse
y atender el reclamo de lo eterno,
hasta llegar aquí:
espacio en que el final
del mundo ha levantado paredes de agua fija.
Quizá busque salir porque tantea
con sus barbillas táctiles.
El cristal es un agua que no tiene
retorno
y así la transparencia no es más que un
espejismo.
Extinguida su especie en esta cuenca
de largas amalgamas, sobrevive
en el agua estancada del destiempo.
Por ella sube y baja, sube y baja,
resignado tal vez al cautiverio
sin fin que lo condena
a no volver al mar y a no morir.
Su destino, por tanto, sigue siendo
nadar contra corriente,
aunque ya no remonte ningún río
y tan sólo se adapte
a estar fuera del mundo.
Hoy lo vemos flotando en un futuro
que no le corresponde
y, a salvo de la vida, vive aún.

Antonio Deltoro escribe sobre este poema en un artículo publicado en el número de noviembre del 2004 de la revista mexicana Letras libres y en él nos adentra a la poesía de Francisco José Cruz (Álcala del río, Sevilla, 1962), editor de la revista Palimpsesto (editado por el Ayuntamiento de Carmona) y promotor de La casa del poeta, en Sevilla.

En estos desvelos que me permiten adentrarme a solas en la poesía de Francisco José Cruz, con la lámpara del escritorio y una oscuridad desde el balcón hacia las otras casas y ciudades, encuentro el lugar apropiado para congeniar con la identidad del poeta y su actividad creativa. Escriben los poetas de noche, en cama, durante el desayuno, haciendo el amor, dormidos, enlutados o con la fiesta encima: escriben desde una condición elegida; poetas que escriben de noche, muchos, pero quien escriba desde una noche perpetua versos como: “Poner el miedo en órbita / es como darle cuerda / a un destino olvidado por la vida.” versos que deben retornarnos a nuestra condición primera, a la orfandad del hombre y la oscuridad del humano y sus propios temores. Versos que circulan por temas como la muerte, el tiempo, la condición humana, versos que emulan la condición del poeta comprometido con su identidad ante la sociedad.



De vacío
A veces me entran ganas de escribir un poema
sin tener el asunto ni la forma.
En verdad, es el cuerpo tan sólo el que desea
decir alguna cosa.
Comparto su tensión concentrada ya alerta,
el vacío expectante que lo roza,
su paciente impaciencia y esa doble manera
de llenarse la boca
de silencio y saliva que en un trago se mezclan.
El cuerpo siempre aguarda que yo escoja
la idea. Pero cuando, sentado ante la mesa,
me pongo a hacer memoria
de algo que los dos vivimos aunque sólo fuera
imaginado entre cambiantes sombras,
me quedo entero en blanco (las manos en las teclas)
y no abrimos la boca.
Francisco José Cruz

Lo del asunto del muerto bajo la pluma lo retomo en otro post.

Buenas espirales.
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12.02.2008

El cristal que no duerme, sobre Francisco José Cruz (Alcalá del río, 1962)




Últimamente deambulo por la casa con un desvelo rígido y un muerto bajo la pluma. Lo primero viene a cuenta de un estado casi permanente en los últimos meses y que se ha agravado con el frío de la ciudad y mi nula capacidad por levantarme de cama cuando aún no hay luz en el cuarto. Remedios para solventar este insomnio provocado muchos y variados, algunos con peores resultados que los otros, pero siempre con el mismo resultado: noches sin dormir a una hora moderada, entiéndase que no suelo conciliarme con Orfeo hasta después de las cuatro de la madrugada, y apenas son hoy las dos y media.

Entre esos inútiles remedios, intenté terminar una novela que tengo en la mesa de noche y que en los últimos días me ha causado más horas en vela que de descanso, consecuencia de que el escritor de dicho libro ha robado un ejemplar de la primera Antología del Recital Chilango Andaluz 2006 y que es cuestión de recordar el suceso para comenzar a mezclar la lectura de la obra con el hecho en cuestión, cosa que aún me sigue causando una risa que bien regularmente termina en un regaño de la compañera que duerme al lado.

Retomaré el asunto del muerto bajo la pluma más tarde.

Frente al ordenador hay poco, o todo por hacer. El reto está en los resultados que ofrezca el motor de búsqueda y lo que el inconciente seleccionará para la lectura, en este caso el primer intento es fallido, no hay muchas páginas que aparezcan si tecleo Francisco Cruz, así que añado la palabra “Poeta” y busco algo de interés en las páginas que aparecen. Entre ellos me he encontrado con el siguiente poema:

ESTURION EN UN ACUARIO
Viene del origen del mundo, por eso habita
en el fondo del mar, que es el fondo del tiempo.
Atravesó los siglos bajo el vidrio
cambiante
de las aguas, para reproducirse
y atender el reclamo de lo eterno,
hasta llegar aquí:
espacio en que el final
del mundo ha levantado paredes de agua fija.
Quizá busque salir porque tantea
con sus barbillas táctiles.
El cristal es un agua que no tiene
retorno
y así la transparencia no es más que un
espejismo.
Extinguida su especie en esta cuenca
de largas amalgamas, sobrevive
en el agua estancada del destiempo.
Por ella sube y baja, sube y baja,
resignado tal vez al cautiverio
sin fin que lo condena
a no volver al mar y a no morir.
Su destino, por tanto, sigue siendo
nadar contra corriente,
aunque ya no remonte ningún río
y tan sólo se adapte
a estar fuera del mundo.
Hoy lo vemos flotando en un futuro
que no le corresponde
y, a salvo de la vida, vive aún.

Antonio Deltoro escribe sobre este poema en un artículo publicado en el número de noviembre del 2004 de la revista mexicana Letras libres y en él nos adentra a la poesía de Francisco José Cruz (Álcala del río, Sevilla, 1962), editor de la revista Palimpsesto (editado por el Ayuntamiento de Carmona) y promotor de La casa del poeta, en Sevilla.

En estos desvelos que me permiten adentrarme a solas en la poesía de Francisco José Cruz, con la lámpara del escritorio y una oscuridad desde el balcón hacia las otras casas y ciudades, encuentro el lugar apropiado para congeniar con la identidad del poeta y su actividad creativa. Escriben los poetas de noche, en cama, durante el desayuno, haciendo el amor, dormidos, enlutados o con la fiesta encima: escriben desde una condición elegida; poetas que escriben de noche, muchos, pero quien escriba desde una noche perpetua versos como: “Poner el miedo en órbita / es como darle cuerda / a un destino olvidado por la vida.” versos que deben retornarnos a nuestra condición primera, a la orfandad del hombre y la oscuridad del humano y sus propios temores. Versos que circulan por temas como la muerte, el tiempo, la condición humana, versos que emulan la condición del poeta comprometido con su identidad ante la sociedad.



De vacío
A veces me entran ganas de escribir un poema
sin tener el asunto ni la forma.
En verdad, es el cuerpo tan sólo el que desea
decir alguna cosa.
Comparto su tensión concentrada ya alerta,
el vacío expectante que lo roza,
su paciente impaciencia y esa doble manera
de llenarse la boca
de silencio y saliva que en un trago se mezclan.
El cuerpo siempre aguarda que yo escoja
la idea. Pero cuando, sentado ante la mesa,
me pongo a hacer memoria
de algo que los dos vivimos aunque sólo fuera
imaginado entre cambiantes sombras,
me quedo entero en blanco (las manos en las teclas)
y no abrimos la boca.
Francisco José Cruz

Lo del asunto del muerto bajo la pluma lo retomo en otro post.

Buenas espirales.

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