12.20.2008

Sobre la Política poética de la Utopía

El pasado jueves 11 de diciembre se clausuraron en el céntrico, y ya mítico, espacio cultural La Carbonería, los festejos por el veinticinco aniversario de la editorial madrileña Devenir. Se realizaron una serie de lecturas, presentaciones y coloquios en torno a la edición, creación y difusión de la poesía, las actividades se realizaron en siete ciudades del territorio español, actividades por las que pasaron autores como Carlos Alcorta, Alberto Santamaría, Ángel Ballesteros, Sara Mesa, entre otros.

En el evento de clausura, Juan Pastor, coordinador de los eventos, reunió a un selecto grupo conformado por escritores, editores y representantes de la Junta de Andalucía, que discutieron en torno al tema: La política poética de la utopía. La mesa de debate comenzó con una exposición en torno al término "utopía", por parte del poeta Rafael de Cózar (Tetuán, 1951); entre sus postulaciones en torno al quehacer del poeta y su papel como eterno utópico, despuntó una preocupación hacia el quehacer político, hacia la motivación de las entidades gubernamentales y su apoyo (o no apoyo) al quehacer poético, ¿es verdad que los políticos hacen que creamos en la utopía?, comentó De Cózar; en la Utopía de Tomás Moro, nos presentan estas islas donde impera una armonía y paz total, y donde los políticos desempeñan una función aristócrata con elementos democráticos, para repartir los bienes y poderes de manera ecuánime ante la población. La pregunta se debate entre la identificación desempeñada por la oligarquía actual y qué compromiso deben aceptar ante el otro, en este caso el creador, editores y distribuidores de poesía. El problema ante tal utopía no se encuentra ya ante el uso de los órganos políticos, sino ante un sistema que extiende abismos, rebasa poderes estatales, culturales y sociales, bajo las normas estrictas del mercado y el capital. “La utopía es una realidad imposible, sino no es utopía”, añade el poeta Rafael de Cózar, más la cuestión que queda en el aire es el lugar, utópico o no, que ocupa el panorama cultural español ante las financiaciones que otorga el estado y la repartición de las mismas.


Antonio Barquero (Córdoba, 1975) abrió la línea de debate hacia el trabajo que realiza la Conserjería de Cultura en el ámbito de desarrollo de proyectos, tales como: festivales y eventos literarios, ayuda a la edición, fomento a la lectura, y otros. En torno a estas actividades, más precisamente hacia el trabajo desempeñado por la institución, discurrieron las intervenciones de Francisco Vélez Nieto (Lora del Río, 1935) y Juan Pastor (Murcia, 1949). “Editar poesía es una utopía” sentenciaba Vélez Nieto, mediando entre el papel del escritor y el de ser miembro a la vez de una institución, Juan Pastor por su parte, mencionaba el origen y el destino de tales ayudas, y como él ha podido sobrevivir durante más de dos décadas dedicándose a la poesía, recibiendo y formando, a su manera, parte también de ese sistema.

La charla movió distintos argumentos en torno a lo utópico, a la política y su papel ante la cultura, y finalmente a la poesía en medio de todo ello como la gran víctima. En algún momento, pensé en esas utopías que aún tenemos por delante, y todas aquellas otras utopías que hemos dejado atrás. Por que es verdad, la utopía deja de serlo cuando se vuelve realidad, entonces se convierte en parte del sistema social, se convierte en costumbre, no en mito. Pensé en aquella utopía que tuvimos décadas atrás, de encontrar un sistema de libre comunicación, que fuese gratis, que pudiera llegar a cualquier parte del planeta y por el cual la gente pudiese encontrarse y comunicarse con cualquier persona del planeta en tiempo real. Esa utopía se convirtió en una realidad, y hoy ha dejado de serlo, hoy es parte del sistema, hablando de sistema como alegoría del organismo (ser) humano, y gracias a ella muchas otras utopías comienzan a ser algo tangible, si podemos decir esto de algo que nazca, viva, se reproduzca y muera en un mundo virtual, inexistente, pueda ser llamado así.


Quizá en estos momentos hayamos alcanzado ya esa utopía necesaria para distribuir, crear y editar poesía con canales que antes no poseíamos. Es verdad que ya es posible editar un libro en distintos formatos, si nos interesa el mundo digital y las aperturas que nos ha proporcionado, es sencillo dirigirnos a bubok.es para elegir las distintas modalidades de edición, y con la oportunidad de ser impreso y enviado a distintos país. También es notable la cantidad de editoriales jóvenes que publican, bajo cuidadosos criterios, poesía de distintas latitudes, favorablemente de poetas jóvenes y noveles, en España podremos mencionar a La Bella Varsovia, Cangrejo pistolero ediciones, La Garúa, SIM Libros, todas ellas editoriales con no más de cuatro años y andaluzas. Los canales de difusión y distribución se están modificando, es notorio el cambio desde la manera de distribuir ejemplares de libros poesía, de las presentaciones en los recitales y la manera de editar, siendo algunos ejemplares de estas editoriales, auténticas creaciones artísticas de bajo coste (Editoriales cartoneras, libroartista.org). Para que estos proyectos sean sostenibles deben contar con el apoyo privado, institucional o una manera de autofinanciamiento que mantenga la editorial, revista, o evento literario a flote. Antonio Barquero fue contundente en su intervención en el sentido de que sus estadísticas denotaban un claro apoyo no sólo a la lectura, sino del trabajo primero que significa alfabetizar a la población, después de ello el que programas de lectura funcionen, sean constantes y tengan un cauce correcto son una prioridad; por parte suya, hemos tenido apoyo para la organización de nuestro recital RCA 08, así que viniendo de una realidad social donde las cosas son demasiado abismales (ciudad de México), creo deberíamos comenzar a aprender y escuchar del otro para que estos proyectos sean una realidad sostenible.


El trabajo del político en el apoyo a la cultura verdaderamente es otro, no son pocas las personas involucradas en la gestión cultural andaluza interesadas en el apoyo a proyectos, donde deberían incluirse también los esfuerzos independientes de mecenas, salas culturales y asociaciones, entre otros. Rafael Cózar pronunció “Hoy la cultura no depende del gobierno, sino del mercado”, es ahí donde el creador, el editor, el distribuidor de cultura debe poner los ojos con cautela; por un lado, las ayudas de los distintos organismos pueden ser obtenidas con un proyecto sostenible y bien encauzado, en teoría debería tener buenos resultados. El problema radica cuando este gran colectivo en torno a la cultura limita su acción a los resultados obtenidos por la gestión política, a la espera de recibir apoyos que en muchas, la mayoría de las ocasiones, es probable que no lleguen. Esto, no debe ser culpa exclusiva del político, ni mucho menos, es la labor y un compromiso nuevo el gestionar medios suficientes para hacer sostenible una empresa cultural.

Al final la pregunta que entre poetas, editores, distribuidores debemos responder es la siguiente ¿queremos lectores de poesía o queremos compradores de poesía?. En una sociedad como la nuestra, la actual, buscamos vender, ser exitosos, trascender, ser figuras literarias. ¿Es esa la manera adecuada de actuar para que respondamos a la anterior pregunta? Creo que hay que ser claros, y ser fiel a la idea que nos motive al trabajo literario, por lo menos saber que para obtener ese éxito hay que ser concientes de lo que tendremos que vender, o qué tendremos que asimilar del sistema para obtener esa trascendencia, con el riesgo de caer en pretensiones encauzadas hacia la necedad. Francisco Vélez Nieto realizó un comentario que se acercó al origen de este par de preguntas “hay que poner por ejemplo la Guerra y Paz, de Tolstoi, acabo de ver que tiene por lo menos siete distintas ediciones, no pasa de moda”, cada obra, cada autor será juzgado por futuras generaciones, no seremos nosotros.

Caminos hay para responder ambas preguntas, el problema sería señalar un culpable y dejarlo todo “a lo que dios quiera”. Eso no es cuestión que sepa responder ningún político, pero quizá sí una utopía que desde hace mucho tiempo debimos abandonar.

Sábado, 20 de diciembre de 2008
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1 comentarios:

Rafael de Cózar dijo...

Magnifica la sintesis sobre el acto, que rebela un conocimiento profundo del tema. Lástima que periodistas como el que hace la síntesis no están en medios importantes de prensa, donde sobran lo que no saben nada de los que escriben

12.20.2008

Sobre la Política poética de la Utopía

El pasado jueves 11 de diciembre se clausuraron en el céntrico, y ya mítico, espacio cultural La Carbonería, los festejos por el veinticinco aniversario de la editorial madrileña Devenir. Se realizaron una serie de lecturas, presentaciones y coloquios en torno a la edición, creación y difusión de la poesía, las actividades se realizaron en siete ciudades del territorio español, actividades por las que pasaron autores como Carlos Alcorta, Alberto Santamaría, Ángel Ballesteros, Sara Mesa, entre otros.

En el evento de clausura, Juan Pastor, coordinador de los eventos, reunió a un selecto grupo conformado por escritores, editores y representantes de la Junta de Andalucía, que discutieron en torno al tema: La política poética de la utopía. La mesa de debate comenzó con una exposición en torno al término "utopía", por parte del poeta Rafael de Cózar (Tetuán, 1951); entre sus postulaciones en torno al quehacer del poeta y su papel como eterno utópico, despuntó una preocupación hacia el quehacer político, hacia la motivación de las entidades gubernamentales y su apoyo (o no apoyo) al quehacer poético, ¿es verdad que los políticos hacen que creamos en la utopía?, comentó De Cózar; en la Utopía de Tomás Moro, nos presentan estas islas donde impera una armonía y paz total, y donde los políticos desempeñan una función aristócrata con elementos democráticos, para repartir los bienes y poderes de manera ecuánime ante la población. La pregunta se debate entre la identificación desempeñada por la oligarquía actual y qué compromiso deben aceptar ante el otro, en este caso el creador, editores y distribuidores de poesía. El problema ante tal utopía no se encuentra ya ante el uso de los órganos políticos, sino ante un sistema que extiende abismos, rebasa poderes estatales, culturales y sociales, bajo las normas estrictas del mercado y el capital. “La utopía es una realidad imposible, sino no es utopía”, añade el poeta Rafael de Cózar, más la cuestión que queda en el aire es el lugar, utópico o no, que ocupa el panorama cultural español ante las financiaciones que otorga el estado y la repartición de las mismas.


Antonio Barquero (Córdoba, 1975) abrió la línea de debate hacia el trabajo que realiza la Conserjería de Cultura en el ámbito de desarrollo de proyectos, tales como: festivales y eventos literarios, ayuda a la edición, fomento a la lectura, y otros. En torno a estas actividades, más precisamente hacia el trabajo desempeñado por la institución, discurrieron las intervenciones de Francisco Vélez Nieto (Lora del Río, 1935) y Juan Pastor (Murcia, 1949). “Editar poesía es una utopía” sentenciaba Vélez Nieto, mediando entre el papel del escritor y el de ser miembro a la vez de una institución, Juan Pastor por su parte, mencionaba el origen y el destino de tales ayudas, y como él ha podido sobrevivir durante más de dos décadas dedicándose a la poesía, recibiendo y formando, a su manera, parte también de ese sistema.

La charla movió distintos argumentos en torno a lo utópico, a la política y su papel ante la cultura, y finalmente a la poesía en medio de todo ello como la gran víctima. En algún momento, pensé en esas utopías que aún tenemos por delante, y todas aquellas otras utopías que hemos dejado atrás. Por que es verdad, la utopía deja de serlo cuando se vuelve realidad, entonces se convierte en parte del sistema social, se convierte en costumbre, no en mito. Pensé en aquella utopía que tuvimos décadas atrás, de encontrar un sistema de libre comunicación, que fuese gratis, que pudiera llegar a cualquier parte del planeta y por el cual la gente pudiese encontrarse y comunicarse con cualquier persona del planeta en tiempo real. Esa utopía se convirtió en una realidad, y hoy ha dejado de serlo, hoy es parte del sistema, hablando de sistema como alegoría del organismo (ser) humano, y gracias a ella muchas otras utopías comienzan a ser algo tangible, si podemos decir esto de algo que nazca, viva, se reproduzca y muera en un mundo virtual, inexistente, pueda ser llamado así.


Quizá en estos momentos hayamos alcanzado ya esa utopía necesaria para distribuir, crear y editar poesía con canales que antes no poseíamos. Es verdad que ya es posible editar un libro en distintos formatos, si nos interesa el mundo digital y las aperturas que nos ha proporcionado, es sencillo dirigirnos a bubok.es para elegir las distintas modalidades de edición, y con la oportunidad de ser impreso y enviado a distintos país. También es notable la cantidad de editoriales jóvenes que publican, bajo cuidadosos criterios, poesía de distintas latitudes, favorablemente de poetas jóvenes y noveles, en España podremos mencionar a La Bella Varsovia, Cangrejo pistolero ediciones, La Garúa, SIM Libros, todas ellas editoriales con no más de cuatro años y andaluzas. Los canales de difusión y distribución se están modificando, es notorio el cambio desde la manera de distribuir ejemplares de libros poesía, de las presentaciones en los recitales y la manera de editar, siendo algunos ejemplares de estas editoriales, auténticas creaciones artísticas de bajo coste (Editoriales cartoneras, libroartista.org). Para que estos proyectos sean sostenibles deben contar con el apoyo privado, institucional o una manera de autofinanciamiento que mantenga la editorial, revista, o evento literario a flote. Antonio Barquero fue contundente en su intervención en el sentido de que sus estadísticas denotaban un claro apoyo no sólo a la lectura, sino del trabajo primero que significa alfabetizar a la población, después de ello el que programas de lectura funcionen, sean constantes y tengan un cauce correcto son una prioridad; por parte suya, hemos tenido apoyo para la organización de nuestro recital RCA 08, así que viniendo de una realidad social donde las cosas son demasiado abismales (ciudad de México), creo deberíamos comenzar a aprender y escuchar del otro para que estos proyectos sean una realidad sostenible.


El trabajo del político en el apoyo a la cultura verdaderamente es otro, no son pocas las personas involucradas en la gestión cultural andaluza interesadas en el apoyo a proyectos, donde deberían incluirse también los esfuerzos independientes de mecenas, salas culturales y asociaciones, entre otros. Rafael Cózar pronunció “Hoy la cultura no depende del gobierno, sino del mercado”, es ahí donde el creador, el editor, el distribuidor de cultura debe poner los ojos con cautela; por un lado, las ayudas de los distintos organismos pueden ser obtenidas con un proyecto sostenible y bien encauzado, en teoría debería tener buenos resultados. El problema radica cuando este gran colectivo en torno a la cultura limita su acción a los resultados obtenidos por la gestión política, a la espera de recibir apoyos que en muchas, la mayoría de las ocasiones, es probable que no lleguen. Esto, no debe ser culpa exclusiva del político, ni mucho menos, es la labor y un compromiso nuevo el gestionar medios suficientes para hacer sostenible una empresa cultural.

Al final la pregunta que entre poetas, editores, distribuidores debemos responder es la siguiente ¿queremos lectores de poesía o queremos compradores de poesía?. En una sociedad como la nuestra, la actual, buscamos vender, ser exitosos, trascender, ser figuras literarias. ¿Es esa la manera adecuada de actuar para que respondamos a la anterior pregunta? Creo que hay que ser claros, y ser fiel a la idea que nos motive al trabajo literario, por lo menos saber que para obtener ese éxito hay que ser concientes de lo que tendremos que vender, o qué tendremos que asimilar del sistema para obtener esa trascendencia, con el riesgo de caer en pretensiones encauzadas hacia la necedad. Francisco Vélez Nieto realizó un comentario que se acercó al origen de este par de preguntas “hay que poner por ejemplo la Guerra y Paz, de Tolstoi, acabo de ver que tiene por lo menos siete distintas ediciones, no pasa de moda”, cada obra, cada autor será juzgado por futuras generaciones, no seremos nosotros.

Caminos hay para responder ambas preguntas, el problema sería señalar un culpable y dejarlo todo “a lo que dios quiera”. Eso no es cuestión que sepa responder ningún político, pero quizá sí una utopía que desde hace mucho tiempo debimos abandonar.

Sábado, 20 de diciembre de 2008

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Rafael de Cózar dijo...

Magnifica la sintesis sobre el acto, que rebela un conocimiento profundo del tema. Lástima que periodistas como el que hace la síntesis no están en medios importantes de prensa, donde sobran lo que no saben nada de los que escriben

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