12.24.2008

Jeff Dunham y el humor que nace del vientre

La ventriloquía (del latín ventrilocuus, "el que habla con el vientre") ha sido uno de esos extraños dones que admiro desde la infancia. El don de practicar el bello arte de decir lo que se piensa en boca de otro, un don que me parece, serviría a más de uno en afánes que no tienen nada que ver con esta nota y las risas amplias y sinceras que nos pueden ocasionar estos artistas y sus muñecos, extensiones de sí mismos.

Debo remitirme a cierta ocasión, aún siendo pequeño, al momento en que mi padre me comentó del enorme miedo que le provocaban esos muñecos sentados en las piernas de señores de apariencia afable, un miedo que le hacía apartarse con nula discreción de aquellas fiestas que preparaba para nuestros cumpleaños, justo en el momento en el que apareció la pareja de artistas que para nosotros eran una delicia, y para él, el momento de partir y poner distancia de por medio, contando que nosotros eramos ese "enmedio", bien podría tacharlo actualmente de ocasionarme severos traumas, irreversibles como el que él padece, afortunadamente tal miedo era sólo suyo.

Tal fobia (la Clourofobia es el miedo a los payasos, desconosco el término para quienes padecen de pavor a los títeres) puede deberse a alguna experiencia traumática y que ese temor refleje, como la mayoría de las personas que me han manifestado la misma aversión hacia estos autómatas parlanchines, miedos profundos, miedeos que es mejor no enfrentar, miedos ante los cuales actuamos como los niños que la mayoría del tiempo solemos ocultar.

Afortunadamente no todos compartimos tal experiencia, es más, debo confesar que adjunto el oficio de ventrílocuo al de mis oficios preferidos, justo por debajo de los títeres (y mi obstinado afán por aprender a utilizarlos) y marionetas. Estos diálogos, entre persona y el muñeco, me motivan a pensar en el psicoanálisis y las personalidades divididas, en las voces que surgen de un rincón de nuestro cerebro y se expresan a través de otros objetos; incluso me recuerdan a una gran cantidad de personajes de cómics (memorable el personaje de El Ventrílocuo, de Batman), películas, novelas, compañeros de trabajo, je. Todos solemos tener un diálogo con nuestro yo interno, vaya cuestión sana el hablar con un muñeco y que sea él quien nos responda, sería más sencillo a la hora de decir que quien tiene la culpa de nuestros fallos son nuestros muñecos, nuestras marionetas, esas voces interiores que salen en boca de alguien máspero que sabemos claramente represensenta nuestro yo más escondido.

Acabo de ver un video de Jeff Dunham (Texas, 1968), verlo es ejemplificar claramente como pueden estar equivocadas estas teorías sobre lo oscuro de los muñecos de los ventrilocuos. Jeff nos deleita en el video con Achmed, "El terrorista muerto", parodia, sarcasmo, ironía, y un enorme humor oscuro que poco tiene de tenebroso, pero que terminará por convencernos que el reír de la oscuridad de nuestra condición humana, puede ser la mejor manera de enfrentarnos al espejo, para guardar silencio con cierto rubor al reconocer en el espejo aquello que no podemos enfrentar.

Achmed, el terrorista muerto.


Melvin, el superhéroe

"-¿Melvin, entonces, tienes super poderes?
- Siiii.
-¿Qué clase de super poderes?
- Puedo volar.
- ¿De verdad?, qué tanto puedes volar?
- ¿Qué tanto puedes aventarme?"
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12.24.2008

Jeff Dunham y el humor que nace del vientre

La ventriloquía (del latín ventrilocuus, "el que habla con el vientre") ha sido uno de esos extraños dones que admiro desde la infancia. El don de practicar el bello arte de decir lo que se piensa en boca de otro, un don que me parece, serviría a más de uno en afánes que no tienen nada que ver con esta nota y las risas amplias y sinceras que nos pueden ocasionar estos artistas y sus muñecos, extensiones de sí mismos.

Debo remitirme a cierta ocasión, aún siendo pequeño, al momento en que mi padre me comentó del enorme miedo que le provocaban esos muñecos sentados en las piernas de señores de apariencia afable, un miedo que le hacía apartarse con nula discreción de aquellas fiestas que preparaba para nuestros cumpleaños, justo en el momento en el que apareció la pareja de artistas que para nosotros eran una delicia, y para él, el momento de partir y poner distancia de por medio, contando que nosotros eramos ese "enmedio", bien podría tacharlo actualmente de ocasionarme severos traumas, irreversibles como el que él padece, afortunadamente tal miedo era sólo suyo.

Tal fobia (la Clourofobia es el miedo a los payasos, desconosco el término para quienes padecen de pavor a los títeres) puede deberse a alguna experiencia traumática y que ese temor refleje, como la mayoría de las personas que me han manifestado la misma aversión hacia estos autómatas parlanchines, miedos profundos, miedeos que es mejor no enfrentar, miedos ante los cuales actuamos como los niños que la mayoría del tiempo solemos ocultar.

Afortunadamente no todos compartimos tal experiencia, es más, debo confesar que adjunto el oficio de ventrílocuo al de mis oficios preferidos, justo por debajo de los títeres (y mi obstinado afán por aprender a utilizarlos) y marionetas. Estos diálogos, entre persona y el muñeco, me motivan a pensar en el psicoanálisis y las personalidades divididas, en las voces que surgen de un rincón de nuestro cerebro y se expresan a través de otros objetos; incluso me recuerdan a una gran cantidad de personajes de cómics (memorable el personaje de El Ventrílocuo, de Batman), películas, novelas, compañeros de trabajo, je. Todos solemos tener un diálogo con nuestro yo interno, vaya cuestión sana el hablar con un muñeco y que sea él quien nos responda, sería más sencillo a la hora de decir que quien tiene la culpa de nuestros fallos son nuestros muñecos, nuestras marionetas, esas voces interiores que salen en boca de alguien máspero que sabemos claramente represensenta nuestro yo más escondido.

Acabo de ver un video de Jeff Dunham (Texas, 1968), verlo es ejemplificar claramente como pueden estar equivocadas estas teorías sobre lo oscuro de los muñecos de los ventrilocuos. Jeff nos deleita en el video con Achmed, "El terrorista muerto", parodia, sarcasmo, ironía, y un enorme humor oscuro que poco tiene de tenebroso, pero que terminará por convencernos que el reír de la oscuridad de nuestra condición humana, puede ser la mejor manera de enfrentarnos al espejo, para guardar silencio con cierto rubor al reconocer en el espejo aquello que no podemos enfrentar.

Achmed, el terrorista muerto.


Melvin, el superhéroe

"-¿Melvin, entonces, tienes super poderes?
- Siiii.
-¿Qué clase de super poderes?
- Puedo volar.
- ¿De verdad?, qué tanto puedes volar?
- ¿Qué tanto puedes aventarme?"

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