12.15.2008

Dos poemas, Abel Guerola





VIII


El Retrato

Llegará el día en que no pueda verte,
en que no pueda mirarte a los ojos.
Tal vez no será ni hoy ni mañana
mas se que llegará.

Tú, tu siempre primavera y quietud,
yo, yo cada vez más grave y pesado.
Si sólo eres mentira, espacio falso,
luz y sombra fingida...

¿Por qué hieres, por qué son tus colores
la sangre que me huye en el suspiro?
¿Y por qué son tus quiméricas formas
huesos enarbolados?

Te miro y aparto la vista, caigo;
te miro, rotos los hombros del mundo;
te miro, crece un milenio sin música
porque siempre me vences.

Llegará el día en que yo sólo sea
un recuerdo de mi mismo
te veré y veré la ruina
en la que me he convertido.

No habrá rosas en mi cuerpo,
habrá pasado el estío,
a lo mejor para entonces
ya no queden frutos por recoger.

Y tú serás lo que quede de mi
cuando de mi nada exista.
Tú serás mi sombra muda
cuando de mi no queden ni gusanos
y el festival de la carne podrida
haya por fin terminado.
___________________________________________
IX


Detrás de la senda oscura,
detrás de las aguas quietas,
detrás de la ebria sombra,
detrás de palomas muertas
cuerpos hay que florecen,
cuerpos hay que me acechan.

Como un cuchillo de nieve,
como un aullido de arena.
El temblor de sus gargantas,
los rosales de sus venas
tan llenos siempre de espinas,
tan llenos de hojas ya secas
rotas al beber el agua
podrida de la quimera;
al beber el agua roja
oxidada en su cadena.

La tierra que me quedaba
quebrada, relampaguea.
Caen bruñidas montañas
sin sangre de primavera,
cae el fulgor de su pira
poblada de entrañas viejas.
Huelo las patrias efímeras
danzando como posesas,
huelo templos apagados
abrazados por la tierra;
el hedor de los gusanos
y de los huesos de piedra,
de los peces de sus tripas,
de sus sucias calaveras.

Hay una mano que crece
verdosa entre la maleza,
el crepúsculo lo indica
como una pesada huella.
Hay un azul insurcable
como un presagio de cera,

hay una raíz que grita
prisionera en la marea.

Detrás de la senda oscura,
detrás de las aguas quietas,
detrás de la ebria sombra,
detrás de palomas muertas
cuerpos hay que florecen,
cuerpos hay que me acechan.
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12.15.2008

Dos poemas, Abel Guerola





VIII


El Retrato

Llegará el día en que no pueda verte,
en que no pueda mirarte a los ojos.
Tal vez no será ni hoy ni mañana
mas se que llegará.

Tú, tu siempre primavera y quietud,
yo, yo cada vez más grave y pesado.
Si sólo eres mentira, espacio falso,
luz y sombra fingida...

¿Por qué hieres, por qué son tus colores
la sangre que me huye en el suspiro?
¿Y por qué son tus quiméricas formas
huesos enarbolados?

Te miro y aparto la vista, caigo;
te miro, rotos los hombros del mundo;
te miro, crece un milenio sin música
porque siempre me vences.

Llegará el día en que yo sólo sea
un recuerdo de mi mismo
te veré y veré la ruina
en la que me he convertido.

No habrá rosas en mi cuerpo,
habrá pasado el estío,
a lo mejor para entonces
ya no queden frutos por recoger.

Y tú serás lo que quede de mi
cuando de mi nada exista.
Tú serás mi sombra muda
cuando de mi no queden ni gusanos
y el festival de la carne podrida
haya por fin terminado.
___________________________________________
IX


Detrás de la senda oscura,
detrás de las aguas quietas,
detrás de la ebria sombra,
detrás de palomas muertas
cuerpos hay que florecen,
cuerpos hay que me acechan.

Como un cuchillo de nieve,
como un aullido de arena.
El temblor de sus gargantas,
los rosales de sus venas
tan llenos siempre de espinas,
tan llenos de hojas ya secas
rotas al beber el agua
podrida de la quimera;
al beber el agua roja
oxidada en su cadena.

La tierra que me quedaba
quebrada, relampaguea.
Caen bruñidas montañas
sin sangre de primavera,
cae el fulgor de su pira
poblada de entrañas viejas.
Huelo las patrias efímeras
danzando como posesas,
huelo templos apagados
abrazados por la tierra;
el hedor de los gusanos
y de los huesos de piedra,
de los peces de sus tripas,
de sus sucias calaveras.

Hay una mano que crece
verdosa entre la maleza,
el crepúsculo lo indica
como una pesada huella.
Hay un azul insurcable
como un presagio de cera,

hay una raíz que grita
prisionera en la marea.

Detrás de la senda oscura,
detrás de las aguas quietas,
detrás de la ebria sombra,
detrás de palomas muertas
cuerpos hay que florecen,
cuerpos hay que me acechan.

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