10.06.2009

A Mélida Ramos de Becerra, a cuarenta y cinco años de su muerte.


Hace exactamente cuarenta y cinco años, José Carlos Becerra (Villahermosa, 1937 - Brindisi, 1970) pierde a su madre. En el transcurso de los siguientes meses, el poeta mexicano pasará por el vacío, la tristeza, la soledad inminente de quien permanece en vida, para dar de vida a través de la poesía a quien ha fallecido. Oscura palabra se publica en 1965, en él, el poeta vuelca su pena para entregar uno de los poemarios más profundos y sentidos de la literatura mexicana.

Hoy por la mañana, tuve que levantarme de cama, me recorría un dolor en el vientre que ya desde el sueño mismo me alertaría que pasaría unas malas horas. Del estudio tomé un libro, al cual recurro frecuentemente y de cuyas lecturas, en silencio o en compañía, regreso a un poeta que goza de admiración no poca, especialmente en este servidor suyo, que en él ha encontrado la visión idónea para correr y emular sus versos, extenderlos hacia donde el autor no pudo, o no quiso llegar. Esa poesía que brindo al cuaderno, es pequeña en comparación de la obra del poeta tabasqueño, más en estas horas donde sus poemas hacen ver mi dolor minúsculo, ante la pena que sus versos desfloran a las palabras.

Noté que en el epígrafe que inician los poemas de Oscura palabra, la fecha de nacimiento coincidía con los 45 años de muerte de la madre del poeta, lo último que se me ocurre pensar en el momento que noto la exactitud de las fechas, es en una simple coincidencia.

El dolor en el hombre básicamente es una alerta, un signo de extravío del bienestar, una llamada punzante que identifica una carencia, un recuerdo, alguien que ya no está. El dolor llama a voces, inclusive en sueños. Mis primeros pasos hacia la estantería, encontrar una lectura adecuada para mitigar el dolor, elegir "El otoño recorre las islas", dirigirme directamente a la lectura de "Oscura palabra", no ha sido un acto milagroso, ha sido sencillamente el encuentro de un par de almas, en el momento que una de ellas intentando mitigar a la otra, no importa que dolor sea más fuerte, importa el acto fraterno de abrazar y dejarse abrazar, sin más compañía que el mismo dolor fundido en un solo instante.

Hoy, Mélida Ramos de Becerra, te recuerdo sin haberte conocido. Te doy gracias por lo que dejaste en tu hijo, por haberle educado, haberle abrazado en sus descalabros infantiles, llevarle a cama y esperar su sueño, alimentarle, darle vida, agradecer lo que le diste con tu amor de madre, por ser extensión de lo que él en estos años, nos ha compartido con sus versos. Descancen en paz.



Oscura palabra

A mis hermanas

Mélida Ramos de Becerra
(Muere el 6 de septiembre de 1964)

1

Hoy llueve, es tu primera lluvia, el abismo deshace su rostro. Cosas que caen por nada. Vacilaciones, pasos de prisa, atropellamientos, crujido de muebles que cambian de sitio, collares rotos de súbito; todo forma parte de este ruido terco de la lluvia.

Hoy llueve por nada, por no decir nada.

Hoy llueve, y la lluvia nos ha hecho entrar en casa a todos, menos a ti.
Algo se ha roto en alguna parte. En algún sitio hay una terrible descompostura y alguien ha mandado llamar a unos extraños artesanos para arreglarla. Así suena la lluvia en el tejado. Carpinteros desconocidos martillean implacables.

¿Qué están cubriendo? ¿A quién están guardando?
¡Qué bien cumple su tarea la lluvia, qué eficaz!

Algo se ha roto, algo se ha roto. Algo anda mal en el ruido de la lluvia. Por eso el viento husmea así; con su cara de muros con lama, con sus bigotes de agua. Y uno no quiere que el viento entre en la casa como si se tratara de un animal desconocido.

Y hay algo ciego en el modo como golpea la lluvia en el tejado. Hay pasos precipitados, confusas exclamaciones, puertas cerrándose de golpe, escaleras por donde seres extraños suben y bajan de prisa.

Esta lluvia quién sabe por qué. Tanta agua repitiendo lo mismo.

La mañana con su corazón de aluminio me rodea por todas partes; por la casa y el patio, por el norte y el alma, por el viento y las manos.

Telaraña de lluvia sobre la ciudad.

Hoy llueve por primera vez, ¡tan pronto!

Hoy todo tiene tus cincos días, y yo nada sé mirando la lluvia.

[11 de septiembre de 1964, Villahermosa]
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10.06.2009

A Mélida Ramos de Becerra, a cuarenta y cinco años de su muerte.


Hace exactamente cuarenta y cinco años, José Carlos Becerra (Villahermosa, 1937 - Brindisi, 1970) pierde a su madre. En el transcurso de los siguientes meses, el poeta mexicano pasará por el vacío, la tristeza, la soledad inminente de quien permanece en vida, para dar de vida a través de la poesía a quien ha fallecido. Oscura palabra se publica en 1965, en él, el poeta vuelca su pena para entregar uno de los poemarios más profundos y sentidos de la literatura mexicana.

Hoy por la mañana, tuve que levantarme de cama, me recorría un dolor en el vientre que ya desde el sueño mismo me alertaría que pasaría unas malas horas. Del estudio tomé un libro, al cual recurro frecuentemente y de cuyas lecturas, en silencio o en compañía, regreso a un poeta que goza de admiración no poca, especialmente en este servidor suyo, que en él ha encontrado la visión idónea para correr y emular sus versos, extenderlos hacia donde el autor no pudo, o no quiso llegar. Esa poesía que brindo al cuaderno, es pequeña en comparación de la obra del poeta tabasqueño, más en estas horas donde sus poemas hacen ver mi dolor minúsculo, ante la pena que sus versos desfloran a las palabras.

Noté que en el epígrafe que inician los poemas de Oscura palabra, la fecha de nacimiento coincidía con los 45 años de muerte de la madre del poeta, lo último que se me ocurre pensar en el momento que noto la exactitud de las fechas, es en una simple coincidencia.

El dolor en el hombre básicamente es una alerta, un signo de extravío del bienestar, una llamada punzante que identifica una carencia, un recuerdo, alguien que ya no está. El dolor llama a voces, inclusive en sueños. Mis primeros pasos hacia la estantería, encontrar una lectura adecuada para mitigar el dolor, elegir "El otoño recorre las islas", dirigirme directamente a la lectura de "Oscura palabra", no ha sido un acto milagroso, ha sido sencillamente el encuentro de un par de almas, en el momento que una de ellas intentando mitigar a la otra, no importa que dolor sea más fuerte, importa el acto fraterno de abrazar y dejarse abrazar, sin más compañía que el mismo dolor fundido en un solo instante.

Hoy, Mélida Ramos de Becerra, te recuerdo sin haberte conocido. Te doy gracias por lo que dejaste en tu hijo, por haberle educado, haberle abrazado en sus descalabros infantiles, llevarle a cama y esperar su sueño, alimentarle, darle vida, agradecer lo que le diste con tu amor de madre, por ser extensión de lo que él en estos años, nos ha compartido con sus versos. Descancen en paz.



Oscura palabra

A mis hermanas

Mélida Ramos de Becerra
(Muere el 6 de septiembre de 1964)

1

Hoy llueve, es tu primera lluvia, el abismo deshace su rostro. Cosas que caen por nada. Vacilaciones, pasos de prisa, atropellamientos, crujido de muebles que cambian de sitio, collares rotos de súbito; todo forma parte de este ruido terco de la lluvia.

Hoy llueve por nada, por no decir nada.

Hoy llueve, y la lluvia nos ha hecho entrar en casa a todos, menos a ti.
Algo se ha roto en alguna parte. En algún sitio hay una terrible descompostura y alguien ha mandado llamar a unos extraños artesanos para arreglarla. Así suena la lluvia en el tejado. Carpinteros desconocidos martillean implacables.

¿Qué están cubriendo? ¿A quién están guardando?
¡Qué bien cumple su tarea la lluvia, qué eficaz!

Algo se ha roto, algo se ha roto. Algo anda mal en el ruido de la lluvia. Por eso el viento husmea así; con su cara de muros con lama, con sus bigotes de agua. Y uno no quiere que el viento entre en la casa como si se tratara de un animal desconocido.

Y hay algo ciego en el modo como golpea la lluvia en el tejado. Hay pasos precipitados, confusas exclamaciones, puertas cerrándose de golpe, escaleras por donde seres extraños suben y bajan de prisa.

Esta lluvia quién sabe por qué. Tanta agua repitiendo lo mismo.

La mañana con su corazón de aluminio me rodea por todas partes; por la casa y el patio, por el norte y el alma, por el viento y las manos.

Telaraña de lluvia sobre la ciudad.

Hoy llueve por primera vez, ¡tan pronto!

Hoy todo tiene tus cincos días, y yo nada sé mirando la lluvia.

[11 de septiembre de 1964, Villahermosa]

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