9.29.2009

Bitácora. Pt. 1... "Uno, dos, tres... grabando!"


(crónica día a día de la grabación del primer disco de Mañana)


Raúl Pérez barre el porche, me pregunta si estoy trabajando, le digo que no, que no se puede trabajar en estas condiciones. El patio es una festividad del otoño (hojas, silencio, sobriedad). Me figuro que el recinto de grabación La Mina es exactamente eso: un antro mineral.


Cinco minutos después Raúl lo ha considerado, se esmera en limpiar el patio mientras me dice que no es lo mismo limpiar que barrer hojas, es mucho más romántico, reitera. A mi me parece que el otoño le afecta, y la soledad, definitivamente la soledad de La Mina. Me empieza a gusta este sitio.

Jorge no llega aún. Hemos repasado los temas entre Cristóbal y yo, preparamos un tema nuevo, una versión de los Monsters of folk que estrenaremos en el concierto de noviembre. Son las 18:02, acabo de jugar al béisbol, muchos strikes y pocos (uno) home run. Descartamos “Merendero el Silencio” como título del disco y provisionalmente hemos decido llamarlo “LP”.


Estoy pensando en construir algo, a la par de la grabación del disco, La Mina es amplia, y este otoño me está gestando una nostalgia peligrosa, no es lo que buscamos para el disco, pero ¿qué hacer cuando todo lo que pisas son hojas secas?

Estoy pensando en quemar algo.





La calle despierta hinchada de recuerdos,

sabe de sí y no sabe el porqué.


Le abren en canal mientras pasa el verano,

Dizque para ahuyentarle las arrugas,

Dizque para dejarla crecer en otoño.


Sabe que el cielo es intocable

y desea ser él,

aéreo, rozado siquiera por rugidos de insecto,

ahuyentado de la vida que surge en la tierra,

lejos del alimento que aboga por ser grieta,

de un cielo que sabe que esta noche

será alcanzado por las avenidas

y será tangible, táctil

como la herida de las diosas

cuando aman a un hombre.



(poema escrito en un costado de la Puerta del Sol, en una terraza que me cobró 2,50€ por un café sólo con hielo. Una tarde del 24 de septiembre del 2009. Corregido y pasado a limpio en el estudio La Mina)


Sale Cristóbal de La Mina preguntándome si estoy haciendo un diario de grabación, me dice que tengo que actualizarlo todos los días. Interpreta El Funeral y me dice “si quieres, te doy permiso de que lo hagas”. No mira que sonrío pensando en él con cierta ternura, anda allá enfrente, cerca de la piscina, pisando el césped árido; sé lo que le pasa, nos pasa a todos en La Mina y no tiene nada que ver con el retraso de nuestro batería, es algo que surge y nos mira desde la tierra, pero no en la superficie, eso que pertenece a quien vive debajo y que ciertamente nos ama. “Desde que llegaste tarde / a mi propio funeral / sólo puedo desearte / mis peores críticas. /Te regalo mis fotos y todo lo que escribí / todas mis decepciones, te las dejo para ti / ya no las quiero a mi lado, tú las puedes compartir / a ver si tienen fin.”(1)


Son casi las ocho de la tarde, aún hay luz sobre el patio, encima del agua no se contagia una sola ola de movimiento. Me complace mirar a Cristóbal de pie, a un lado de la piscina, hablando por teléfono. Impasible. Somos diferentes, él quiere grabar de la mejor manera el disco, yo sólo quiero comenzar. Han caído ya una revista (Rockdeluxe, Septiembre 2009) y una obra gráfica (Sobras maestras, Miguel Brieva 2007) por mis ojos, unas mini galletas de chocolate y crema, quinientas cuarenta y cuatro hojas secas, videos de Tulsa (cantante invitada para hacer coros) y un día que se está evaporando como el miedo de esta tarde, en la que todo comienza a agarrarse al frío y fuese esa su triste salvación.


(1) Estracto de la letra de "Funeral", canción para el primer disco de Mañana

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1 comentarios:

Symmetric Forest dijo...

mola, se ve que va chidita la cosa. Seria bueno tomar fotos de la grabación.

9.29.2009

Bitácora. Pt. 1... "Uno, dos, tres... grabando!"


(crónica día a día de la grabación del primer disco de Mañana)


Raúl Pérez barre el porche, me pregunta si estoy trabajando, le digo que no, que no se puede trabajar en estas condiciones. El patio es una festividad del otoño (hojas, silencio, sobriedad). Me figuro que el recinto de grabación La Mina es exactamente eso: un antro mineral.


Cinco minutos después Raúl lo ha considerado, se esmera en limpiar el patio mientras me dice que no es lo mismo limpiar que barrer hojas, es mucho más romántico, reitera. A mi me parece que el otoño le afecta, y la soledad, definitivamente la soledad de La Mina. Me empieza a gusta este sitio.

Jorge no llega aún. Hemos repasado los temas entre Cristóbal y yo, preparamos un tema nuevo, una versión de los Monsters of folk que estrenaremos en el concierto de noviembre. Son las 18:02, acabo de jugar al béisbol, muchos strikes y pocos (uno) home run. Descartamos “Merendero el Silencio” como título del disco y provisionalmente hemos decido llamarlo “LP”.


Estoy pensando en construir algo, a la par de la grabación del disco, La Mina es amplia, y este otoño me está gestando una nostalgia peligrosa, no es lo que buscamos para el disco, pero ¿qué hacer cuando todo lo que pisas son hojas secas?

Estoy pensando en quemar algo.





La calle despierta hinchada de recuerdos,

sabe de sí y no sabe el porqué.


Le abren en canal mientras pasa el verano,

Dizque para ahuyentarle las arrugas,

Dizque para dejarla crecer en otoño.


Sabe que el cielo es intocable

y desea ser él,

aéreo, rozado siquiera por rugidos de insecto,

ahuyentado de la vida que surge en la tierra,

lejos del alimento que aboga por ser grieta,

de un cielo que sabe que esta noche

será alcanzado por las avenidas

y será tangible, táctil

como la herida de las diosas

cuando aman a un hombre.



(poema escrito en un costado de la Puerta del Sol, en una terraza que me cobró 2,50€ por un café sólo con hielo. Una tarde del 24 de septiembre del 2009. Corregido y pasado a limpio en el estudio La Mina)


Sale Cristóbal de La Mina preguntándome si estoy haciendo un diario de grabación, me dice que tengo que actualizarlo todos los días. Interpreta El Funeral y me dice “si quieres, te doy permiso de que lo hagas”. No mira que sonrío pensando en él con cierta ternura, anda allá enfrente, cerca de la piscina, pisando el césped árido; sé lo que le pasa, nos pasa a todos en La Mina y no tiene nada que ver con el retraso de nuestro batería, es algo que surge y nos mira desde la tierra, pero no en la superficie, eso que pertenece a quien vive debajo y que ciertamente nos ama. “Desde que llegaste tarde / a mi propio funeral / sólo puedo desearte / mis peores críticas. /Te regalo mis fotos y todo lo que escribí / todas mis decepciones, te las dejo para ti / ya no las quiero a mi lado, tú las puedes compartir / a ver si tienen fin.”(1)


Son casi las ocho de la tarde, aún hay luz sobre el patio, encima del agua no se contagia una sola ola de movimiento. Me complace mirar a Cristóbal de pie, a un lado de la piscina, hablando por teléfono. Impasible. Somos diferentes, él quiere grabar de la mejor manera el disco, yo sólo quiero comenzar. Han caído ya una revista (Rockdeluxe, Septiembre 2009) y una obra gráfica (Sobras maestras, Miguel Brieva 2007) por mis ojos, unas mini galletas de chocolate y crema, quinientas cuarenta y cuatro hojas secas, videos de Tulsa (cantante invitada para hacer coros) y un día que se está evaporando como el miedo de esta tarde, en la que todo comienza a agarrarse al frío y fuese esa su triste salvación.


(1) Estracto de la letra de "Funeral", canción para el primer disco de Mañana

1 comentario:

Symmetric Forest dijo...

mola, se ve que va chidita la cosa. Seria bueno tomar fotos de la grabación.

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